Natalia Andújar

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Reflexiones sobre el I Congreso de Feminismo Islámico


De derecha a izquierda, Ndeye Andújar, Yaratullah Monturiol y Abdennur Prado.

De derecha a izquierda, Ndeye Andújar, Yaratullah Monturiol y Abdennur Prado.

Bismillahi ar Rahmani ar Rahim

Esperaba impaciente la llegada de esas mujeres que me habían impactado tanto, cuyos estudios había leído con tanta avidez en las largas noches de invierno. Había interiorizado esas lecturas en mi lengua materna después de haber traducido algunos artículos de las ulema. Era una labor de hormiguita pero que me aportaba una gran recompensa en mi aprendizaje, en mi sira. El iftar estaba al caer, ellas también… Mientras llegaba ese momento, hablaba con Rahma de mística, de la oralidad del Qur’án y nosotras allí, en la entrada del hotel, mirando la puerta giratoria, la puerta simbólica que abriría otra: la del iÿtihad, como en un juego de espejos barroco. Con la emoción, ni siquiera nos habíamos acordado de llevarnos un dátil o algo que llevarnos a la boca, ¿pero qué mejor alimento que el sustento de esas luchas individuales, esas luchas valientes, comprometidas y desinteresadas, de esas Hayares[1] que buscaban agua en el desierto y que imploraban a Al-lâh que calmara su sed? La puerta seguía girando, la gente entraba y salía, salía y entraba.

Entonces llegaron… al llegar el iftar. Era el momento esperado. Amina, Leyla, Asma, Zaynah, Masjalizah, nombres familiares, entrañables que se hacían persona, que se volvían corazones palpitantes. Un abrazo, un saludo, una sonrisa. Habían llegado.

Cortamos el ayuno con pastas árabes en el patio del hotel. Y Yaratullah Monturiol nos avisó de que no iba a ser fácil, pero qué importaba. Sabíamos que nos enfrentábamos a muchos prejuicios, a una historia de incomprensiones, pero había llegado el momento de hablar, de subir a la palestra. Ya nadie nos prohibiría expresarnos ni nos diría cuándo debíamos hablar, ni cómo, ni de qué manera, porque ya no necesitábamos pedirle permiso a nadie. Nuestra mayoría de edad dependía sobre todo de nosotras mismas y eso era lo que íbamos a hacer: tomar la palabra.

Hicimos la salá en la mezquita del hotel. Agradecí con todas mis fuerzas a Al-lâh por haberme llevado hasta allí, pero como suele pasar con las cosas importantes de nuestras vidas, sentía una mezcla de alegría y de temor, de reconocimiento y de taqwa. Sabía que habría un antes y un después, que nada sería igual después de este congreso. Debíamos tener tawákkul, entrega y confianza total en Al-lâh, el Sustentador, nuestro Rabb. Todo estaba escrito.

Primer día: Los feminismos se expresan

Llegó pues el momento de la verdad. Yaratullah rompió el silencio milenario con la recitación del Qur’án. Al Andalus resucitó a través de su voz, uniendo pasado y presente.

Fue una jornada intensa, maratoniana. Mansur Escudero nos recordó la labor incansable de Junta Islámica que desde hace más de veinte años trabaja tratando de situar el pensamiento y práctica islámicos en la Modernidad y difundiendo que el Islam rechaza todo tipo de violencia. Recordó que no hay nada en el Qur’án o el ejemplo del Profeta (salallahu aleihi wa salam) que justifique una concepción patriarcal o machista del Islam. Pero también nos puso sobre aviso de las dificultades a las que nos enfrentábamos.

Un recuerdo inolvidable, un escalofrío atravesó nuestras venas al oír el nombre de nuestra querida hermana Sabora, hermana shahida, que se reunió con Al-lâh un mismo día como aquél hacía siete años. Con recogimiento escuchamos las palabras que pronunció Mansur Escudero: “Tengo la certeza de que su recuerdo nos acompañará durante estas jornadas, y que el testimonio de su forma de estar en el mundo, su entrega a la vida y a los demás, su sinceridad, lealtad, modestia y sabiduría, serán una inestimable referencia para todos los que nos sentimos comprometidos en lograr una sociedad más justa, más solidaria, más espiritual”.

En la conferencia marco del mediodía, Valentine Moghadam hizo una radiografía de la situación de la República Islámica de Irán y de los movimientos feministas que nacieron después de la revolución del 79. Abdennur Prado recogió el sentir de tantas voces femeninas que hasta el momento se habían expresado desde un ámbito puramente académico y pudimos deleitarnos con el mensaje de estas ulema; un trabajo de recolección loable.

En la mesa redonda de la tarde, feministas musulmanas y no musulmanas hicieron posible que el concepto de “intersticios” se hiciera realidad, esos lugares de contacto y de diálogo. Realidades híbridas y plurales. En ese espacio simbólico nadie tenía la norma; se debía construir en común.

Segundo día: Prácticas discriminatorias. Una bocanada de aire fresco: Salatul yumua

Empezó la jornada con temas duros, temas que algunos musulmanes no están dispuestos a oír, temas que aún siguen siendo tabú, pero que era necesario abordar. Las lapidaciones en Nigeria, la excisión en Mali, la discriminación racial, la situación de los saharauis… Pero no podemos seguir con la política del avestruz, escondiendo la cabeza cuando algo nos da miedo. Y en nombre del Islam, estas mujeres alzaron sus voces con valentía para denunciar que hay prácticas discriminatorias debido a las interpretaciones sesgadas e interesadas, pero nunca cuestionaron el mensaje divino del Qur’án, inabarcable e inalterable. De ahí que provoquen animadversión por parte de algunas feministas occidentales que no pueden aceptar esa dimensión espiritual, esa defensa de su iman y también el rechazo por parte de algunos musulmanes que no pueden aceptar que se cuestionen las interpretaciones milenarias porque las han divinizado y quieren tener el monopolio de la lectura del Qur’án.

Amina Wadud acaparó una gran atención. ¿Sería como me la había imaginado? Yo había seguido la noticia de salatul yumua de Nueva York del mes de marzo pasado con mucha atención y ahora tenía delante de mí a esta mujer imponente pero humilde a la vez, alta, con una voz confortante pero contundente. Desbordaba espiritualidad y sinceridad. Ahí estaba la ‘alima del siglo XXI, sí una mujer también puede serlo y sus estudios del Qur’án le llevaron a lo inevitable. Si quería ser consecuente debía llevar su estudio hasta las últimas consecuencias. Por eso afirmaba que las mujeres también podían dirigir la salá. Explicó que la primera vez que lo hizo no fue en Estados Unidos sino en Sudáfrica y que fue porque un grupo de mujeres musulmanas se lo pidió. En Nueva York se lo volvieron a pedir, Asra Nomani lideró ese movimiento de reivindicación de la presencia de las mujeres en las mezquitas, como en la época del Profeta (salallahu aleihi wa salam). Kamila Toby le pidió que dirigiera salatul yumua. Y aceptó.

Un grupo de musulmanes y musulmanas nos dipusimos a llevar a cabo nuestro deber, respetamos así el segundo pilar del Islam, ese momento íntimo entre el mumin y su Rabb. Amina hizo el jutba en árabe y en inglés, con serenidad y sabiduría. Hombres y mujeres, mujeres y hombres, musulmanes unidos en ese momento de unión trascendental, con un movimiento y una palabra al unísono. Al acabar la salá Amina saludó uno a uno a los asistentes. Recuerdo que le agradecí muchísimo su gesto porque era la segunda vez en mi vida que había podido ir a una mezquita y asistir al yumua. La primera vez fue en Senegal y tenía delante de mí una pared de cemento que nos separaba a las mujeres de los hombres. En Barcelona nunca había podido ir a la mezquita. “No hay sitio suficiente”, me decían algunos, “no hay voluntad suficiente”, pienso yo. Al despedirse me contestó: “sigue aprendiendo, es muy importante”.

Tercer día: La nubua de Maryam. Hayar. Las mezquitas también son de las mujeres

Después de tantas emociones, seguía nuestro maratón espiritual. Como una bulímica de conocimiento religioso asistí con entusiasmo y admiración a la conferencia de Leyla Bousquet y Asma Barlas sobre hermenéutica coránica. Leyla Bousquet nos explicó el interesantísimo estudio sobre la nubua (profecía) de Maryam (aleihi salam). La importancia de que una mujer pudiera serlo es incalculable. Leyla rememoró más de veinte años de trabajo teniendo siempre en mente que “cuando estudiamos el Qur’án tenemos que mezclar nuestro propio cuerpo y nuestra propia sangre en él”.

Asma Barlas presentó su método para interpretar el Qur’án, basado en el estudio de los 99 nombres de Al-lâh. Nos aportó una demostración mediante la razón y el iman de que el Qur’án no defiende el patriarcado y que en realidad nos enfrentamos al monopolio del poder interpretativo. Al-lâh es Justo, no es masculino ni es un padre y los musulmanes debemos someternos a su voluntad, no a la de los hombres. Dijo que estaba en contra de que su lectura fuera feminista por seguir el movimiento feminista sino que lo era por su lectura del Qur’án.

Por la tarde Zainah Anwar y Asra Nomani aportaron una visión de mujeres de terreno, que luchan contra las discriminaciones diarias que sufren las musulmanas. Zainah Anwar comentó la difícil situación en la que se encuentran las musulmanas en Malasia y reivindicaba la necesidad de que las mujeres formen parte del debate sobre las leyes en su país.

Por otro lado, Asra Nomani enfocó su intervención desde una perspectiva más personal. Explicó a los asistentes cómo a partir de una crisis en su iman acabó renaciendo gracias a la fuerza que le dio su hijo y a su viaje a Mecca en el que pudo hacer salá con su padre. Compartió con nosotros la fuerza de una mujer modélica, Hayar, que gracias a su paciencia y su confianza en Al-lâh consiguió dar de beber a su hijo sediento. Todo este simbolismo se lo llevó consigo a Estados Unidos e inició su lucha por tener un lugar en las mezquitas, el mismo que para los hombres y no por la puerta de atrás. El conocimiento del Islam le daba fuerzas para superar nuestros temores y seguir adelante.

Así habíamos llegado hasta el final. Los tres días habían pasado como una exhalación. Ultima cena, ultimos intercambios. Muchos proyectos y muchas ganas de trabajar por este yihad de género… Eramos conscientes de que habíamos asistido a un acontecimiento histórico. Nada sería igual a partir de entonces. Este era el destino de las nuevas pensadoras del Islam[2].

La puerta del hotel giraba sin parar, iban saliendo muchas personas, todos volvíamos a nuestra vida cotidiana. La puerta giratoria no paraba. La lucha real nos esperaba afuera; como decía Amina Wadud, “es muy fácil predicar a los convencidos”. Ahora teníamos que tomar conciencia de que debíamos superar nuestros miedos, debíamos ser fuertes. Las puertas del iÿtihad están abiertas. Alhamdulil-lâh.

Ndeye Andújar es Vicepresidenta de Junta Islámica Catalana


[1] Plural de Hayar. Se hace alusión a la historia de esta mujer que buscaba agua en el desierto para dar de beber a su hijo. Le pidió a Al-lâh corriendo entre las colinas de Safa y Marwa. El ángel Yibril descendió y abrió el pozo de Zam Zam. De aquí proviene la tradición de correr entre las dos colinas.
[2] Guiño al libro Les nouveaux penseurs de l’islam de Rachid Benzine, ed. Albin Michel.

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Autor: Natalia Andújar

Profesora y activista.

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