Natalia Andújar

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Creación del primer Congreso Internacional de Consulta de Mujeres Musulmanas

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Ndeye Andújar y Pamela Taylor en el hotel Westin de Nueva York donde se celebró la conferencia.

Ndeye Andújar y Pamela Taylor en el hotel Westin de Nueva York donde se celebró la conferencia.

Del 17 al 19 de noviembre de 2006 se ha celebrado en Nueva York una conferencia internacional titulada WISE: Women’s Islamic Initiative in Spirituality and Equity, sobre el liderazgo de las mujeres musulmanas. Durante tres días, unas cien mujeres líderes en diferentes ámbitos (académico, religioso, artístico, político y empresarial) se han reunido para elaborar estrategias comunes en la defensa y la promoción de los derechos de las mujeres musulmanas. Ndeye Andújar, vicepresidenta de Junta Islámica Catalana, ha participado en el evento.

Las mujeres siempre han participado en la evolución de las sociedades. En los inicios del Islam ya planteaban cuestiones “modernas” como el derecho a la participación política, criticaban las tradiciones preislámicas y exigían que se respetara el nuevo mensaje liberador. Las mujeres del Profeta desempeñaron un papel muy importante en la sociedad de Medina del siglo VII. Podemos mencionar ejemplos como la participación de Aisha en la famosa batalla del camello o la insistencia de Umm Salama, sobre por qué el Qur’án se dirigía únicamente a los hombres, hasta que descendió un versículo igualitario y esclarecedor: no sólo el Qur’án se dirigía a los hombres y a las mujeres por igual, sino que Dios escuchaba las reivindicaciones de las mujeres.

En ese sentido, las mujeres que defendemos nuestros derechos en nombre del Islam seguimos el ejemplo de las ummahat al muminin (las madres de los creyentes) y las sahabiyat (compañeras del Profeta). Al siratal mustaqim es un camino que nos exige ser justos, ecuánimes y respetuosos entre los hombres y las mujeres. Dice el Qur’án “Ellas son una vestimenta para vosotros y vosotros sois una vestimenta para ellas” (2-187).

Por desgracia, la igualdad inequívoca que defiende el Qur’án ha dejado de aplicarse en nuestras sociedades. En diferentes partes del mundo se alzan voces que denuncian la discriminación que sufrimos las mujeres debido a la tergiversación del mensaje divino. Pero para que nuestras reivindicaciones sean más eficaces y legítimas es necesario que las mujeres accedamos a la interpretación de las fuentes del Islam.

El grupo de mujeres que nos reunimos en Nueva York era muy diverso, no sólo en cuanto a la procedencia geográfica y al tipo de profesiones que ejercemos, sino también por nuestras diferentes ideologías, religiones y políticas individuales. Pero más allá de las diferencias, nos unía la exigencia de un cambio positivo respecto a la situación de las mujeres y por ende, una mejora de nuestras sociedades en general. Durante la conferencia trabajamos sobre los siguientes temas:

• El empoderamiento de las mujeres por otras mujeres
• Debate ecuménico
• Activistas guiadas por la fe: barreras y posibilidades
• Liderazgo espiritual de mujeres
Iÿtihad: mujeres (re)intérpretes
• Iniciativas para una justicia social
• Creación del Consejo Internacional de Consulta

El panel más polémico pero a la vez clave fue el del iÿtihad (esfuerzo interpretativo). Algunas de las cuestiones que nos planteamos fueron: “¿por qué es necesario que las mujeres podamos interpretar las fuentes islámicas? ¿Hay alguna diferencia si lo hace un hombre o una mujer? ¿Qué implica esta reivindicación? ¿De qué manera puede mejorar la situación de las mujeres?”. Los debates fueron muy acalorados, sobre todo cuando se abordó el tema de las declaraciones de Jack Straw sobre el niqab en el Reino Unido…

En teoría, las mujeres pueden interpretar las fuentes islámicas, no hay nada en el Qur’án que se lo prohíba, pero en la práctica nos topamos con muchas dificultades y oposición. Como dice Asma Barlas:

“A lo largo de prácticamente toda nuestra historia, la mayoría de los musulmanes ha interpretado el Qur’án como un texto patriarcal e incluso misógino. Pero cuando algunos expertos contemporáneos han comenzado a defender que estas interpretaciones guardan relación con quién ha leído el Qur’án, cómo y en qué contextos, los musulmanes conservadores se han parapetado detrás del baluarte de la tradición. De este modo, rechazan, en el nombre de la tradición, nuevas lecturas del Qur’án, sobre todo si proceden de mujeres, tanto porque esas lecturas alteran los significados atribuidos al texto por exégetas varones como porque, el hacerlo, representan una amenaza para los papeles tradicionales de los hombres como intérpretes del conocimiento religioso. Así, los conservadores pueden descartar las interpretaciones femeninas sin siquiera haberlas leído”.

(Texto, Tradición y Razón: Hermenéutica coránica y política sexual)

No sólo las mujeres deben acceder a la interpretación del Qur’án (aunque esto es fundamental), sino que para que las cosas cambien, la interpretación debe tener un enfoque femenino igualitario. No hace falta ser un hombre para defender una lectura patriarcal y misógina del Qur’án. Por desgracia, los fundamentalistas están utilizando a las mujeres con fines políticos. Saben que somos una pieza clave para la democratización de las sociedades musulmanas.

Entre las participantes americanas, se encontraba Laleh Bakhtiar, una eminente intelectual musulmana y discípula de Seyyed Hossein Nasr, que acaba de realizar la primera traducción del Qur’án en inglés hecha por una mujer. Laleh llevó a cabo un estudio minucioso sobre el controvertido versículo 4:34 que en muchas versiones se traduce según el significado convencional “Pero a aquellas [mujeres] cuya animadversión temáis, amonestadlas primero; luego dejadlas solas en el lecho; luego pegadles; pero si entonces os obedecen, no tratéis de hacerles daño”. La traducción que propone es “iros” en lugar de “pegadles”, porque es una de las acepciones de la raíz árabe D R B (daraba) que concuerda mejor con el sentido de la frase, y sobre todo, porque es exactamente lo que hizo el Profeta cuando tuvo una desavenencia con sus mujeres. Se fue, se apartó de ellas durante un mes, pero nunca las maltrató.

Por otro lado, la idea de formar a un grupo de mujeres para convertirse en muftiya (eruditas que pueden emitir fatâwâ) surgió a raíz de una anécdota muy significativa. En julio participé en una conferencia en Dinamarca titulada Muslim Leaders of Tomorrow, organizada por Asma Society (asociación musulmana americana que también ha organizado la conferencia en Nueva York). En uno de los debates, Kecia Ali, profesora de Religión de la Universidad de Boston, estaba comentando la importancia del imamato femenino cuando de repente un hombre del público se levantó y le dijo que cuando ella fuera una muftiya entonces él se sentaría a sus pies y seguiría sus enseñanzas. Lo que quería decir es que hasta que las mujeres no tuvieran los conocimientos suficientes para emitir un pronunciamiento legal, sus opiniones no tendrían ninguna credibilidad ni legitimidad entre la comunidad musulmana.

El Consejo Internacional de Consulta de mujeres musulmanas estará formado por siete eruditas que podrán emitir fatâwâ, pero también habrá abogadas, científicas, académicas, etc. que se encargarán de trabajar sobre todos los aspectos que afectan a las mujeres musulmanas y lucharán contra dos estereotipos frecuentes que consisten en asociar el Islam con la opresión de las mujeres y con el terrorismo.

Durante el primer año intentaremos ponernos de acuerdo sobre las funciones del Consejo, cuál será su adaptación local, el impacto que tendrá y cuál será el apoyo de la comunidad musulmana. Además, se concederán unas becas para formar a un grupo de muftiya durante los próximos diez años.

Pienso que la creación de este consejo es muy importante para asegurarnos de que las perspectivas de las mujeres en la ley islámica formen parte del debate religioso (sobre todo en cuestiones tales como la violencia doméstica, el divorcio y la herencia). El liderazgo de las mujeres es necesario para ser más justos, no por el mero hecho de acceder al poder. No se trata de sustituir un patriarcado por un matriarcado, sino de respetar los preceptos genuinos del Islam que defienden la igualdad ontológica entre los hombres y las mujeres, que se sitúa por encima de las diferencias biológicas.

Sabemos que hay muchas resistencias y dificultades. Todavía está por ver cómo se va a solucionar el problema de la formación. Por un lado, si las mujeres nos tenemos que formar en las universidades islámicas “autorizadas” por los ulema, no tendremos mucho margen para el cambio y repetiremos las enseñanzas tradicionales que discriminan a las mujeres. Pero por otro, si nos formamos en las universidades occidentales, careceremos de legitimidad en el mundo musulmán. Sea como sea, los cambios ya se están produciendo y no hay vuelta atrás. Las nuevas generaciones están planteando nuevos desafíos que no podemos silenciar ni ocultar por más tiempo.

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Autor: Natalia Andújar

Profesora y activista.

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