Natalia Andújar

Web personal

El mito del califato y el uso político de las mujeres

7 comentarios


Natalia Andújar, Penda Mbow, Fatou Sow, Fatma Aly Khafagy, Amina Wadud, Asma Barlas, Yasmina Akhandaf, Abdullah Abenyusuf y Margot Badran durante el III Congreso Internacional de Feminismo Islámico.

Natalia Andújar, Penda Mbow, Fatou Sow, Fatma Aly Khafagy, Amina Wadud, Asma Barlas, Yasmina Akhandaf, Abdullah Abenyusuf y Margot Badran durante el III Congreso Internacional de Feminismo Islámico.

He leído con detenimiento el artículo de la Dra. Nazreen Nawaz publicado en Webislam en el que critica el feminismo islámico y reclama la instauración del califato como única vía “salvítica” para los musulmanes. Con asombro mayúsculo he comprobado que la autora hace gala de un gran desconocimiento e irresponsabilidad: Uno no puede presentarse como portavoz de un movimiento y desconocer por completo el tema del que está hablando. Pero como no se trata de utilizar una argumentación ad hominem, me voy a centrar en las afirmaciones que ha hecho para mostrar que están plagadas de errores e inexactitudes.

“El feminismo islámico culpa al islam de las injusticias que sufren las mujeres musulmanas”

Es sorprendente que Nazreen Nawaz haga una afirmación de este tipo. A mi entender, solo se puede explicar por dos razones: o bien desconoce la complejidad y los matices que hay entre los diferentes feminismos en los países de mayoría musulmana (que no islámicos), o bien conoce esa diversidad (que llega incluso a ser antagónica) pero nos da una visión errónea y monolítica, de manera consciente.

Haciendo un esfuerzo de síntesis, podríamos decir que existen tres tipos de feminismos:

Un feminismo secular, que en general ha sido utilizado por las élites como instrumento de la colonización y la neocolonización e identifica el islam con una religión misógina. Desde esta perspectiva, la fe y los derechos de las mujeres son incompatibles.

Por otro lado, un segundo tipo de feminismo, el llamado “feminismo arabo-musulmán”, que reivindica la riqueza de la herencia musulmana pero coincide con el feminismo secular en que el islam es misógino por esencia.

Y por último, el feminismo islámico, que reconoce y denuncia las injusticias que sufren las mujeres musulmanas, pero niega categóricamente que esto se deba al islam. Más bien es al revés, lo que legitima su lucha por la igualdad de derechos son las propias fuentes del islam y por ello el Qur’an se sitúa en el centro de la reflexión feminista islámica.

“El feminismo islámico contribuye a reforzar los valores promovidos por la ideología capitalista”

De nuevo se hace patente el desconocimiento flagrante de la señora Nawaz sobre la trayectoria histórica y los postulados del feminismo islámico. En las conclusiones del tercer congreso se sitúa claramente al feminismo islámico en consonancia con el movimiento altermundista, lo que implica la resistencia a un modelo capitalista agresivo que amenaza a poblaciones enteras con el hambre y el desarraigo de sus tradiciones. Pero esta denuncia sería parcial si no integrara a su vez un aspecto fundamental: la alianza entre el neoliberalismo y el fundamentalismo religioso. Esta doble opresión contra las mujeres constituye, en realidad, dos caras de una misma moneda.

“La libertad de expresión, de propiedad, personal y sexual desembocan en sociedades enfermizas”

La asociación que establece la Dra Nawaz entre la libertad individual y la falta de moralidad me parece infantil, caricaturesca. El respeto a la moralidad (¿de qué tipo de moralidad estamos hablando? ¿De la que rechaza las injusticias, protege los derechos de todos los seres humanos y respeta la naturaleza? ¿O bien se trata de una concepción mojigata del bien y el mal?), es posible gracias a la educación y a una comprensión inclusiva del mundo que nos rodea. Es cierto que las sociedades “occidentales” tienen que solucionar una serie de problemas: el culto exacerbado al cuerpo, el consumismo, la soledad, el racismo y la islamofobia, etc. pero no creo que lo consigan mediante la instauración de un Estado represivo, un Estado que controle la opinión de sus ciudadanos y su sexualidad, en definitiva, un Estado completamente opuesto a los principios islámicos.

“La igualdad de género conlleva sus propias contradicciones y dilemas”

Se preguntaba la autora cómo es posible que las mujeres nieguen la importancia del género en la vida pública y a la vez pidan derechos por maternidad, basados en la diferencia de sexo.

El concepto de género es una construcción social y el sexo es una cuestión biológica. Incluso hoy en día la teoría queer va más allá y defiende que el sexo también es una construcción social.

Las feministas que reivindican la igualdad de género no niegan esa diferencia sexual pero sí que los roles sociales estén preestablecidos de manera “natural” según el sexo. Es evidente que quien da a luz es la madre pero eso no significa que tenga que dejar de trabajar si no lo desea. De hecho, en Francia por ejemplo, cada vez hay más hombres que prefieren dejar de trabajar para educar a sus hijos en caso de que su mujer tenga un sueldo superior al suyo, porque el Estado les da una ayuda económica. La familia no se rompe sino que se organiza de otra manera.

Según cuentan los hadices, el profeta (sas) ayudaba en las tareas domésticas y Jadiya (ra), su primera esposa, no solo trabajaba sino que además era su jefa. Las propias fuentes islámicas nos muestran que no hay tareas “para mujeres” y tareas “para hombres” sino que todos participaban activamente en el seno de la familia y en la sociedad. Es un error querer canonizar un esquema de la familia decimonónica, que nada tiene que ver con el ejemplo del Profeta (sas).

“El feminismo es un concepto occidental”

Según Margot Badran, una de las teóricas más destacadas del feminismo islámico “decir que el feminismo es una idea occidental que no puede tener relación con el islam pone de manifiesto una gran ignorancia o sirve para denigrar el islam y los musulmanes”. El término “feminismo” apareció a principios del siglo XX en los países de mayoría musulmana, sobre todo en Egipto. En épocas recientes, las mujeres musulmanas han sido jefes de Estado, elegidas democráticamente en cinco ocasiones (en Bangladesh dos veces y en Turquía, Indonesia y Pakistán), aunque también es cierto que en algunos países rechazan que una mujer dirija un Estado en base a un hadiz dudoso que dice que “una nación que deja sus asuntos en las manos de una mujer nunca prosperará”, contradiciendo así la enseñanza que nos transmite el Qur’an mediante el ejemplo de Bilqis, la reina de Saba.

Nazreen Nawaz afirma que el islam otorgó el derecho al voto, a la educación y que hay miles de mujeres eruditas. El feminismo islámico no lo pone en duda, al revés, recuerda que en su propia tradición hay elementos liberadores, pero no es menos cierto que aunque haya habido poetisas, muhadizat, muftiyat, sheijat, alimat; el monopolio interpretativo siempre ha estado en manos de los hombres y la jurisprudencia se ha basado en una visión patriarcal de las sociedades, incluso en contra de la opinión de muhadizat de primer orden como Aisha (ra) y Umm Salama (ra). ¿No será por eso por lo que los países de mayoría musulmana tienen los índices de analfabetismo femenino más altos del mundo ?

Pero el feminismo islámico trasciende los debates entre lo secular y lo religioso, oriente y occidente, las mujeres y los hombres, y se constituye en un instrumento privilegiado de diálogo en la era global.

“El restablecimiento del califato asegurará los derechos de las mujeres”

Por último, nos situamos ante el mito del califato como garante de los derechos de las mujeres (¿qué derechos?). Esta llamada a una vuelta al califato presenta muchos puntos oscuros: no se sabe muy bien cuál sería el modelo social, económico y político de ese califato. Sobre todo porque el Qur’an no es un libro de leyes ni un programa político de ningún partido. Lo único que establece el Qur’án es el principio de shura (consulta), que es lo más próximo a la democracia, y prohíbe la riba (usura).

Los movimientos a favor del califato presentan una visión idílica de la época de al-Julafa ar-Rashidun (los Califas rectamente guiados), omitiendo expresamente los problemas a los que se enfrentaron: los cuatro califas fueron asesinados y la oposición entre los diferentes bandos de musulmanes durante el califato de Ali (ra) desembocó en una guerra civil, al Fitna al Kubra (la Gran Prueba). Es decir, que en todas las épocas ha habido tensiones e intereses políticos que han impedido que se desarrollase el proyecto liberador que supuso la llegada del islam para las mujeres.

En cambio, el feminismo islámico es un movimiento fundamentalista, que vuelve a los fundamentos del islam para intentar recuperar ese proyecto emancipador que se quedó paralizado, pero no para fijar una lectura inamovible, anacrónica e idílica del pasado, como la que exigen los defensores del califato, sino como una reivindicación espiritual radical que emana del propio Qur’an: hombres y mujeres como jalîfatu Al-lâh (califas de Al-lâh, viceregentes de Al-lâh) en la Tierra.

Anuncios

Autor: Natalia Andújar

Profesora y activista.

7 pensamientos en “El mito del califato y el uso político de las mujeres

  1. Cualquier reivindicación de una califato como estructura ideal de gobierno de los musulmanes, oculta tras de sí un proyecto totalitario y ciertamente perturbador. La renuncia a la libertad interpretativa y la sumisión a un poder central de corte teocrático no ofrece nada nuevo al descompuesto mundo musulmán. La plenitud actual del musulmán está en la sociedad civil y plural, en su integración plena en ella por la vía de la excelencia y la educación. Sin duda una gran crítica, Ndeye Andújar. Un saludo.Javier

  2. Las palabras nos separan, sobretodo cuando son instrumento de nuestros egos, por inconsciencia y/o distracción.
    Debemos evitar posicionarnos como “defensores de”, porque abonamos un terreno para el desencuentro. Desde una visión espiritual y un esfuerzo real por seguir los pasos de paz y compasión del Profeta Mohamed (s.a.w.s.), es difícil aceptar una sociedad civil y plural por corrupta y desnaturalizadora de lo que es, en esencia, el ser humano creado por Dios como representante Suyo en la tierra. Desde esa visión, más allá del mundo de la densidad material y los apegos mundanos(incluidas sacrosantas democracias, políticas e ideas de moda, educación para individuos – mentes sin corazón, etc) quizá no es tan inverosímil ni anacrónico hablar de un Califato legítimo y divinamente guiado. No confundir con sistema de gobierno totalitario en el mundo temporal porque es justo lo contrario, guía en este mundo para nuestras almas desorientadas. En el mundo de las almas estamos unidos y formando parte de un todo, los opuestos son solo del mundo ilusorio de nuestros egos. Y es ese enraizamiento en la fe lo que a algunos nos da confianza para intentar ser aqui y ahora mejores personas, más tolerantes, mas comprensivos, mas serviciales, etc . Que Allah os bendiga e ilumine vuestros corazones.

  3. Cierto es que las palabras separan pero además suelen ser traidoras con respecto al que las pronuncia.
    Dices: “…No confundir con sistema de gobierno totalitario en el mundo temporal porque es justo lo contrario, guía en este mundo para nuestras almas desorientadas.”
    De guía para las almas desorientadas ya tenemos al Sagrado Corán y el ejemplo de sus Mensajeros.
    No creo que un creyente sincero necesite un mundo ideal para desarrollar su islam, muy al contrario es en el mundo real y corrupto donde su islam se pone a prueba. De utopías político-religiosas van los milenios servidos y los cementerios llenos.
    Cambiar el horizonte del califato del plano político al plano personal y espiritual del hombre es una vía legítima y poco explotada dentro del pensamiento musulmán contemporáneo que conozco. Salâm

  4. Ndeye, felicitarla por este análisis tan lúcido; Javier, estoy totalmente de acuerdo con lo que dices. Saludos

  5. Pingback: EL MITO DEL CALIFATO Y EL USO POLÍTICO DE LAS MUJERES « Identidad Andaluza

  6. Creo que antes de hacer una crítica usted debió haberse asegurado de entender el mensaje original en su plenitud.

    Lo que he leído en el artículo publicado en webislam no tiene mucho que ver con lo que al parecer usted entendió y que tanto crítica.

    Yo estoy de acuerdo con la Doctora Nazreen en que el feminismo por sí sólo no va a mejorar la calidad de vida de las mujeres musulmanas. Ni el feminismo islámico ni el secular ni ningún otro tipo de feminismo lograrán hacer una diferencia generalizada si las instituciones sociales y la autoridad no reivindican los derechos que el islam le ha garantizado a la mujer.

    Por eso, sólo es através del califato que el feminismo islámico tendrá éxito y completará el ciclo con una estructura legal y jurídica que lleve a la practica los valores que estos movimientos defienden.

    Sin el califato, sólo lograremos tener dos discursos en constante pugna: el discurso social y el discurso del poder. Y este es por cierto un escenario muy ocioso.

  7. Ay pero qué decepción, ya me dí cuenta que usted revisa los comentarios antes de publicarlos y obviamente por eso acá no vemos ninguna crítica ni nada que vaya en contra de sus opiniones. Qué inseguridad la de usted señora, y qué censura claro. Munafiq

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s