Natalia Andújar

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De una feminista islámica a una feminista laica

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He leído atentamente su artículo publicado en Sisyphe el 15 de diciembre de 2010. Por desgracia, debo decir que a mí también me han sorprendido algunas de sus declaraciones. ¿Se debe a sus prejuicios? ¿Se debe a una visión que quiere parecer tranquilizadora de cara al público francófono? ¿Se debe a un desconocimiento flagrante del contenido de los cuatro congresos internacionales de feminismo islámico que han tenido lugar en España desde hace algunos años? Quizá haya un poco de verdad en todo ello, ¿no le parece?

Dedica usted más de la mitad de su texto a interpelar a una de las ponentes, Houria Bouteldja, lo que no es muy interesante en sí ya que no aporta nada al debate. Lo que le ha indignado es que ella se haya presentado, según usted, como la «representante de las musulmanas de Francia», mientras que ella nunca lo ha afirmado; se trataba más bien del punto de vista de la periodista. Me imagino que usted conoce las estrategias de márketing de los medios de comunicación para llamar la atención de los lectores. Les ha salido bien la jugada ya que ha reaccionado ipso facto ¡sin ni siquiera molestarse en comprobarlo!

Pero no me entretendré en este tipo de debates «a la francesa» (un poco chovinistas, si me lo permite) a saber quién es musulmana y quién no lo es, sobre la fobia contra las religiones en el espacio público, sobre el velo… Su enfoque es muy reductor si tenemos en cuenta la diversidad de las veintidós ponentes provinientes de diferentes partes del mundo: Omaima Abou Bakr (Egipto), Fadaw al Labadi (Palestina), Rozana Isa (Malasia), Ziba Mir Hosseini (Irán-Reino Unido), Sa’diyya Shaykh (Sudáfrica), entre otras.

Lo que me interesa es mostrar las falsedades que usted presenta como parte integrante del feminismo islámico. Le hace decir cosas que nosotras mismas, feministas musulmanas, no sólo no defendemos sino contra las que luchamos. No reivindicamos un Estado islámico, condenamos los abusos cometidos en nombre de la religión y exigimos la libertad de todas las mujeres, tanto musulmanas como no musulmanas. ¡Sólo hacía falta leer las conclusiones de los cuatro congresos para estar al corriente!

Pero también denunciamos las alianzas entre el neofundamentalismo religioso y el neoliberalismo: cómo las guerras para salvar a las supuestas «pobres mujeres musulmanas sumisas» no son más que coartadas geopolíticas. ¡El monopolio de las materias primas y los contratos de venta preferenciales (de armas, entre otros) están en juego!

Nos acusa de ser unas privilegiadas ya que vivimos en un mundo civilizado en el que no existen las discriminaciones contra las mujeres, en el que todas son respetadas por sus pacíficos maridos, en el que todas ganan el mismo sueldo que sus colegas masculinos, en el que todas son feministas blancas burguesas frente a las pobres mujeres que se han quedado «allí», sometidas a la barbarie de los hombres fanáticos. Pero usted no ha denunciado en ningún momento cómo las invasiones de los países soberanos han reforzado el patriarcado al darles más poder a los jefes de los clanes tribales. ¿No le parece injusto colgarle el sambenito al Islam (que usted presenta como diabólico) de ser el responsable de todas las desgracias del mundo?

Sí, es cierto, no podemos negar que las interpretaciones del Corán que han hecho hasta ahora los hombres son misóginas. ¿Pero por qué tenemos que aceptar que sean las únicas interpretaciones posibles? ¿Por qué las mujeres no tienen derecho a interpretar su texto sagrado a su vez? ¿Por qué desde Occidente se valida la lectura de aquellos a los que condenamos?

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Autor: Natalia Andújar

Profesora y activista.

4 pensamientos en “De una feminista islámica a una feminista laica

  1. ¿Es feminista aquella mujer que denigra, por sistema, a las mujeres que no piensan (mejor dicho, no comparten sus prejuicios) como ella?

    No, no es feminista. Es una hembra enemiga de la mujer, como tantas otras a lo largo de la historia, que se han dedicado a denigrar a “otras” mujeres por motivos egoístas, de envidia, de vanidad, de necedad, de ruindad, o crudo y simple interés de predominio a costa de las demás.

  2. ¿Es feminista y defensora de los derechos fundamentales de las mujeres aquella individua que reproduce el viejo discurso de la chusma “liberal” española? ¿De aquella chusma que proclamaba: “Viva la libertad y muera el que no piense como yo”?.
    ¿Feminista y adalid de las libertades fundamentales de las mujeres aquella que condena a las mujeres que no adoptan sus esquemas mentales, sin molestarse siquiera en ver sus argumentos?

    No, no defiende los derechos fundamentales de las mujeres, sino única y exclusivamente los derechos de las compinches de su club, de su banda o de su secta (laica o religiosa, que lo mismo da).
    “Libertad para mí y sólo para las que piensen (más bien “no-piensen”) lo mismo que yo”.

  3. Y sobre todo ¿Es feminista aquella europea que le niega el derecho a otra europea a expresarse en SU PROPIA TIERRA por rechazar los desgraciados estereotipos habituales de una sociedad condicionada por siglos y siglos de exclusivismo religioso?

    Ni es feminista ni “hace patria”, sino que es una nacionalista que ve a Europa como un rebaño de peones en SU propiedad (cortijo de señoritos y “regentas”), y no como la patria de todos los europeos.

  4. Pingback: Anàlisi lèxico mètrica d’un blog feminista | experiències TEXTuals

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