Natalia Andújar

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El feminismo islámico: la lucha de las mujeres en el mundo árabe

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  • La joven tunecina Amina se encuentra encarcelada por “atentar contra las buenas costumbres” al protestar en ‘topless’
  • Para las musulmanas, lo prioritario es poder acceder a la interpretación de los textos sagrados

La joven tunecina Amina Tyler fue acusada este jueves de “profanación del espacio sagrado de un cementerio y atentado contra las buenas costumbres” tras mostrar su busto desnudo como forma de denuncia por la moral conservadora de su país. Amina, representante del grupo feminista Femen, se encuentra en la prisión de la ciudad de Qairaruán desde hace dos semanas.

El 19 de mayo, esta activista de 19 años dibujó el nombre de la organización feminista a la que pertenece en un muro del cementerio de la localidad donde se encuentra encarcelada. Un acto que, junto a la difusión masiva por internet de unas fotografías de protesta semidesnuda, le han costado la cárcel y un buen número de enemigos que claman, incluso, porque la tunecina sea azotada y lapidada.

La joven podría ser condenada a dos años de prisión por profanar un cementerio. Además, en Túnez los atentados al pudor pueden ser castigados con seis meses de cárcel, pena a la que también se enfrentan las tres activistas europeas de la misma asociación que respondieron al encarcelamiento de Amina con una nueva protesta en topless este miércoles frente al Palacio de Justicia.

“Cualquiera debe tener derecho a expresar su lucha como activista de la manera que crea oportuna, pero no comparto la iniciativa porque es contraproducente”. Así de tajante es Natalia Andújar, directora de Red Musulmanas, lingüista y ponente en diferentes e importantes cursos sobre feminismo islámico. “Las activistas tunecinas aseguran que este tipo de acciones han cerrado muchas puertas que empezaban a abrirse gracias al trabajo que están haciendo ellas a diario sobre el terreno”, afirma Andújar, que cuenta que las feministas musulmanas lamentan que la lucha sea percibida como una iniciativa exterior. “La percepción allí es que se trata de algo que se ha montado desde fuera y se ve como una imposición europea. Habría sido más eficaz que Femen hubiese escuchado las reivindicaciones reales de las feministas de Túnez y elaborado un proyecto común”, expone la lingüista, que no advierte contradicción alguna entre su fe y su condición feminista.

Mientras para Andújar, el boom mediático de las protestas en topless y el caso Amina ha invisibilizado la lucha local, para Josefina Bueno, profesora de Filología Francesa de la Universidad de Alicante especializada en la teoría de género y autora de ‘Voces de mujeres musulmanas. Hacia una democracia laica’, el revuelo ha servido para que salga en la televisión. “Gracias a estas chicas, un problema local ha saltado a la esfera internacional. Para algunos, Amina ha hecho saltar las chispas del tabú, de lo que no se puede decir en países como Túnez, y por eso merece ser castigada. Para otros, esa es la chispa que tenía que saltar para que, de una vez por todas, los tabúes religiosos no sigan dirigiendo la sociedad”, señala optimista Bueno. “Lamentablemente, seguramente hay un deseo de infligir a estas chicas un castigo ejemplar”, añade.

Mujer musulmana haciendo el símbolo de la libertad / Getty
Mujer musulmana haciendo el símbolo de la libertad / Getty

Las de Femen no son las únicas protestas que han dado la vuelta al mundo en los últimos días. Esta misma semana, la periodista egipcia Riham Said tuvo un encontronazo en directo en el canal Al-Nahar TV con el imán fundamentalista Yusuf Badri“Uso el velo por Dios y no por ti”, le espetó al religioso retirándose el velo momentos antes de levantarse de su asiento y abandonar el plató.

“La difusión e impacto mediático de este tipo de noticias surge más de los medios occidentales que de la propia preocupación de las musulmanas. Quitarse o ponerse el velo no forma parte de la lucha de estas mujeres, que tienen otras prioridades como poder emanciparse, encontrar trabajo o tener derechos”, señala Andújar, que asegura que las feministas islámicas no abordan siquiera el tema, pues entienden que cada una debe ser libre de decidir y, a partir de ahí, no hay debate.

Hace unos años se organizó un encuentro entre 300 mujeres musulmanas influyentes de todo el mundo. Cuando fueron preguntadas sobre su principal preocupación, casi el 80% respondió que ésta era poder acceder a la interpretación de los textos sagrados. En los países de mayoría musulmana, la interpretación del Corán determina sus leyes y, por lo tanto, también la vida civil. “Una lectura machista y misógina tiene consecuencias muy negativas para las mujeres”, apunta Andújar.

Josefina Bueno habla de la necesidad de una democracia laica. “Cuando el discurso religioso se inmiscuye en la gestión de lo público, en la vida civil y en la moral, se entorpece y discrimina a quienes quieren vivir al margen de la religión”, explica. Cuando este discurso tiene tintes misóginos, las mujeres son las principales perjudicadas, de ahí la importancia de que éstas logren mayor autoridad e influencia en estos países.

Dos mujeres musulmanas mirando el mar / Getty
Dos mujeres musulmanas mirando el mar / Getty

Los códigos de familia son el mejor ejemplo de cómo afecta a la mujer la interpretación machista de los textos sagrados. “Este ideario, que recoge aspectos relacionados con la posibilidad de poligamia, las condiciones de divorcio o con quien puede o no casarse una mujer, se basa en la mentalidad patriarcal del Estado”, explica Andújar, que asegura que, en la actualidad, existe una  lucha ardua por equiparar los derechos entre hombres y mujeres en los textos legales. “Lo que no será posible si la mujer no alcanza puestos de autoridad e influencia”, sentencia.

Estas leyes, basadas en los textos sagrados, varían de un país a otro, lo que le sirvió a la asociación Women Living Under Muslim Laws (WLUML) para desmontar el principal argumento del sector más conservador en relación a la consideración de la mujer. Aseguran que los códigos emanan directamente de la palabra de Dios y, por lo tanto, se trata de leyes divinas e intocables. “Si es Dios el que ha dicho que la mujer tiene que ser obediente al marido, debe ser así”, defienden los conservadores. Sin embargo, WLUML desmontó estos discursos machistas tras un estudio comparativo que realizaron durante diez años de los códigos de familia de distintos países. “Se dieron cuenta de que había tal diferencia de un país a otro que, evidentemente, sólo se podía concluir que se trataba de leyes humanas y no divinas y, por lo tanto, modificables a lo largo del tiempo, ya que simplemente reflejan la mentalidad de una época”, agrega Andújar.

Respecto al futuro, Josefina Bueno es optimista porque hay muchas mujeres en la lucha, “además de muchos hombres y gente joven implicados en la causa”. “Cuando hay conflicto y éste sale en los periódicos y en las redes sociales, significa que hay una lucha de fuerzas y que nadie tiene aún la batalla ganada”, añade. “Va a haber grandes cambios, pero tenemos que estar muy alertas para no dejarnos manipular por los de dentro, los de fuera, los conservadores o los upuestamente progresistas. Continuamente se habla en nombre de las mujeres y sus derechos cuando, realmente, no hay un proyecto feminista detrás. Sólo ellas deben decir cuáles son sus prioridades”, concluye Andújar.

Autora: Alicia Rodríguez

Fuente: zoomnews

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Autor: Natalia Andújar

Profesora y activista.

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