Nos quieren en casa y calladas


“¿Pero no sois bonitas? ¡Quitaos el velo!” Póster colonial alentando a las mujeres musulmanas argelinas a desvelarse (1958).

 

La siguiente frase, que escribí hace unos días en mi página de Facebook, no le ha gustado nada a Imane Rachidi, autora del artículo “Musulmanas por exotismo”[1].

En él, la autora lleva a cabo una cruzada aleccionadora contra las “señoras conversas al islam”, que “abren la boca” “desde el sofá de sus casas”. Las amonesta (nos amonesta) por ser “un auténtico peligro para la lucha de las libertades y dignidad de las mujeres. Todas”.

La señora Rachidi no tiene la valentía de nombrarme directamente, solo soy “una de estas conversas”.

El principal problema que plantea su réplica es la conclusión superficial y perversa que saca al descontextualizar la cita y no tener en cuenta el conjunto de cuestiones que implican.

Mi crítica se centra en la instrumentalización de la cuestión del islam y de las mujeres por parte de los sectores islamófobos. Tiene que ver con mi recorrido personal como activista, en el que me he enfrentado cientos de veces a la acusación de que las personas musulmanas somos misóginas porque, entre otras cosas, “prohibimos a las mujeres saudíes que conduzcan”.

Lo que pongo de relieve es la instrumentalización del feminismo con fines racistas y la selección de temas polémicos en Occidente, sobredimensionados y tratados de forma plana y unilateral.

No necesito que Rachidi me diga qué es legítimo cuestionar y qué no. O que me diga que solo se puede denunciar el racismo si, y solo si, previamente has condenado el machismo de “esos países”.

Inferir en ello que apoyo a un régimen reaccionario, aliado de EEUU e Israel, significa que no ha entendido nada de lo que está en juego.

Más allá del tono innecesariamente despectivo e irrespetuoso que recorre el texto y de lo problemático que es utilizar la etiqueta “conversas al islam”, como un todo homogéneo, me interesa centrarme en cinco cuestiones que aborda de forma apresurada y, a mi modo de ver, errónea, utilizando mi cita como coartada.

  • El debate sobre la legitimidad.

La base de la argumentación de Rachidi es que “esas señoras conversas” no tienen legitimidad para hablar sobre cuestiones relacionadas con el islam y el género por varios motivos:

  • Tienen una posición privilegiada.
  • Viven en contextos libres de opresión.
  • No conocen las realidades opresoras de las que hablan y no han sufrido las consecuencias en su propia piel.
  • No están implicadas en las luchas de liberación de las mujeres musulmanas que viven en países de mayoría musulmana.
  • Son cómplices de las políticas opresoras contra las mujeres.
  • Su conversión al islam es por mero exotismo.

No me consta que la autora que lleva a cabo la crítica lo haga después de una jornada extenuante en un campo de fresas de Almería o limpiando las casas de las señoras burguesas. Entre otras cosas, porque dudo mucho de que tuviera tiempo o energías para hacerlo.

Es obvio que quienes escribimos tenemos una posición privilegiada, de la que ella misma goza. Su legitimidad la basa únicamente en su condición de marroquí que es lo que, según ella, le permite ser automáticamente una “voz autorizada”.

Tiene razón en que soy una privilegiada por tener una nacionalidad europea al igual que mis hijas. Somos sujetos políticos privilegiados. Cuando sean mayores podrán votar, podrán presentarse a una oposición, no les afecta directamente las leyes de extranjería ni las políticas de inmigración. Pero hay una gran diferencia entre ellas y yo: ellas son negras y son percibidas y tratadas como negras, no como europeas.

Yo puedo ocultar mi condición de musulmana para protegerme de la islamofobia, hacerme invisible, callarme, aceptar las injusticias sin rechistar. O incluso podría negar su negritud y querer convertirlas en blancas a toda costa. Pero eso no cambiaría el hecho de que ellas no pueden ocultar su piel ni su apellido.

Mi lucha tiene que ver con todo ello y no con frivolizar sobre estos temas desde un cómodo “sofá de mi casa”.

El otro privilegio al que hace alusión es porque vivimos en una España “libre, moderna y democrática”. Afirmar eso en pleno procés de Catalunya es, cuanto menos, de una ceguera y demagogia impresionantes.

Como ya escribiera hace unos años, respondiendo a una acusación similar, “nos acusa de ser unas privilegiadas ya que vivimos en un mundo civilizado, en el que no existen las discriminaciones contra las mujeres, en el que todas son respetadas por sus pacíficos maridos, en el que todas ganan el mismo sueldo que sus colegas masculinos, en el que todas son feministas blancas burguesas frente a las pobres mujeres que se han quedado «allí», sometidas a la barbarie de los hombres fanáticos [y de sus regímenes despóticos]”[2].

No solo es problemático aceptar esa visión idílica de Occidente y maléfica de Oriente, por su obvia falsedad, sino que además invisibiliza las luchas y resistencias de las mujeres que viven en esos países, cuya legitimidad está condicionada, según Rachidi, por la aceptación de un feminismo universal y universalizador, liberador de los peores males imaginables. No denuncia en ningún momento cómo las invasiones y la destrucción de esos mismos países, por parte de Occidente, han reforzado el patriarcado.

Pero en algo tiene razón. Somos unos privilegiados. No por los privilegios que nos adjudica sino porque aquí “solo” mueren cientos de personas debido al racismo y el terrorismo. Allí mueren millones debido a las guerras promovidas por Occidente y a una de sus principales consecuencias: el terrorismo.

Tal y como afirma de forma lúcida Sirin Adlbi: “La cuestión determinante es […] que cuando los diferentes discursos, proyectos y agendas de las mujeres musulmanas utilizan unos términos y lenguajes binomiales, dicotómicos, muy concretos para moverse y ubicarse de diferentes modos entre las diferentes perspectivas y su lucha por acaparar la mayor legitimidad (con los  privilegios y beneficios que esta conlleva), de una manera muy compleja están insertándose en las dinámicas coloniales de producción indefinida y refuerzo de las jerarquías y subalternidades en el sistema-mundo moderno/colonial”[3].

En el debate sobre la producción académico-activista es importante identificar cuál es su objetivo. A nadie se le escapa que hay quienes la usan únicamente como promoción personal. Pero ese uso interesado no tiene una relación causal con la conversión al islam.

Por lo mismo, no podemos concluir que por el mero hecho de ser “musulmanas de nacimiento” no se vaya a hacer un uso interesado o, incluso, que no se vaya a utilizar ese privilegio para reforzar la islamofobia y el racismo.

La producción académico-activista debe tener como objetivo cambiar este sistema racista opresor. Si no repercute en un cambio radical, desde un punto de  vista político y social, no es una producción legítima sino contraproducente.

  • El debate sobre el feminismo.

Otro aspecto que Rachidi nos reprocha a “esas señoras conversas al islam” es que hayamos recibido la noticia de la autorización para conducir para las saudíes con cierta ingenuidad, al pensar que ya podemos darnos por satisfechas, ocultando así la realidad de un régimen opresor.

Eso muestra hasta qué punto ha leído mi cita de manera descontextualizada, ya que justo después, publiqué también en mi muro de Facebook, el siguiente comentario, que ha omitido en su crítica:

“El voto de las saudíes: simple lavado de imagen o reformas estructurales”[4]

Y al día siguiente, este otro comentario.

Está claro que Rachidi no ha leído ni una sola línea de lo que he escrito y simplemente ha seleccionado una cita de forma oportunista para construir un discurso acerca de “esas señoras conversas al islam” quintacolumnistas, cómplices de los regímenes opresores, que son un “auténtico peligro para todas”, y difusoras de “propaganda dañina”.

Pero vayamos al meollo de la cuestión. ¿En qué se diferencia nuestra visión respecto al feminismo? ¿Qué papel desempeña el feminismo hegemónico para las mujeres musulmanas?

Mi visión tiene que ver con mi experiencia como musulmana, en un contexto en el que las personas musulmanas somos una minoría.

Rachidi defiende el programa liberador del feminismo universal laico que debe ser exportado a los países de mayoría musulmana, dentro de un proyecto global civilizatorio.

En cambio, yo me sitúo dentro de la línea de lo que denuncian Félix Boggio Éwanjé-Epée y Stella Magliani-Belkacem. El feminismo hegemónico no solo está instrumentalizado con fines racistas, sino que se da una “coincidencia de intereses entre ese feminismo y el poder racial”[5].

Tengo una deuda con muchas mujeres académicas y activistas que me han ayudado a encauzar mis prioridades y la manera de abordarlas, tanto en el ámbito social como político. Saba Mahmood, Gayatri Chakravorty Spivak, Leila Ahmed, Lila Abu-Lughod, Chandra Talpade Mohanty, Sirin Adlbi Sibai, Saadiya Shaikh, entre otras muchas voces anticoloniales y decoloniales que han denunciado la instrumentalización del feminismo occidental y las nefastas consecuencias para las mujeres no blancas.

Por poner un ejemplo, Saba Mahmood y Charles Hirschkind denuncian el doble rasero de las feministas norteamericanas hegemónica que alzaron la voz contra los talibanes y aplaudieron la guerra contra “el terror” llevada a cabo por el gobierno de EEUU en Afganistán pero que callaron sobre el embargo norteamericano y las consecuencias de la guerra, que provocaron más muertes de niños y mujeres que en toda la era talibán[6].

No hace falta irse tan lejos para constatar que el doble rasero persiste. Durante este verano ha habido una intensa campaña mediática en apoyo a Juana Rivas pero no hemos visto movilizaciones de feministas para denunciar las muertes de las porteadoras del Tarajal ni de las siete mujeres asesinadas por una “devolución en caliente” cerca de Melilla.

El feminismo laico universal, defendido por Rachidi, calla.

  • El debate sobre el lugar que debe ocupar la religión y el debate sobre la islamofobia.

También afirma que “cada cual le reza a quien quiera y a lo que quiera, en su casa y sin hacer pedagogía de ello porque en eso debería consistir esto de la religión, si queremos vivir en paz”.

Según su argumentación, la condición para vivir en paz es relegar la práctica de la religión al ámbito privado. Hacerse invisibles, renegar de nuestras tradiciones y esconderlas. De esa forma, se pretende desactivar la dimensión social del islam y su lucha por la justicia.

Al mismo tiempo, se pretende que abdiquemos sin mostrar resistencia frente al proyecto neocolonial civilizatorio. El único camino viable para los musulmanes es no parecerlo para, en última instancia, dejar de serlo. Está claro que nos quiere en casa y calladas.

Rachidi afirma de forma demagógica que “Por usar una talla 40 nadie te va a lapidar en España”, por lo que no podemos equiparar unas opresiones con otras. Y la diferencia, según ella, radica en que una cosa es una opresión social y otra una opresión legal.

Las políticas de inmigración que matan a miles de personas son legales. Los CIE son legales. La venta de armas es legal. El pacto nacional contra el terrorismo, que criminaliza al conjunto de la comunidad musulmana, es legal. Pero aquí no sufrimos opresiones.

Efectivamente, denunciar las opresiones y los regímenes despóticos no la convierte en una “renegada o racista”, como la llaman. La cuestión es que, al identificarlas como unas prácticas bárbaras avaladas legalmente por esos regímenes, hace un análisis superficial al ocultar las cuestiones de fondo que he evocado anteriormente.

Por otro lado, tampoco es consciente de que su propio discurso es cooptado por sectores islamófobos, que encuentran la legitimidad de su racismo en el hecho de que “eso no lo dicen ellos, sino que lo dice una mujer marroquí”.

  • El debate sobre la modernidad.

“¿Acaso [Arabia Saudí] es ahora un país moderno?” Se pregunta, lamentándose, Rachidi. Ni siquiera se plantea la posibilidad de que el problema radique, justamente, en la propia modernidad.

En el libro colectivo Penser l’envers obscur de la modernité. Une anthologie de la pensée décoloniale latino-américaine, un grupo de investigadores pone de relieve “la dimensión intrínsecamente colonial de la modernidad occidental: las diferentes formas de violencias imperiales no constituyen en ningún caso las consecuencias indirectas de una modernidad globalmente liberadora, sino uno de los aspectos fundamentales de una configuración específica de poder que alía, en un mismo movimiento, retórica emancipadora y lógica represiva”[7].

Una modernidad que arrasa países en nombre de la “democracia”. Una modernidad que destruye ecosistemas, con el único fin de cubrir la demanda consumista capitalista. Una modernidad que vampiriza a los pueblos y utiliza sus conocimientos para su propio beneficio. Es muy cool leer a Rumi y usar sus citas, sin tener que mencionar para nada su relación con el islam.

Rachidi calla igualmente sobre el papel de las élites laicas conservadoras de los países de mayoría musulmana, preocupadas ante todo por bloquear el acceso al poder.

En definitiva, el discurso de Rachidi es un discurso típicamente moderno/colonial, feminista laico hegemónico y, por lo tanto, cómplice del racismo estructural que existe en Europa.

 

__________________

[1] Rachidi, I. “Musulmanas por exotismo”. M’Sur 29/09/2017 http://msur.es/2017/09/29/rachidi-musulmanas-exotismo/2/

[2] Andujar, N. “De una feminista islámica a una feminista laica”. Webislam, 25/02/2011 https://www.webislam.com/articulos/60894-de_una_feminista_islamica_a_una_feminista_laica.html

[3] Adlbi Sibai, S. La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento islámico decolonial. Madrid, Akal, 2016. p. 123

[4] Andújar, N. “ El voto de las mujeres saudíes: simple lavado de imagen o verdaderas reformas estructurales” Blog personal, 10/10/2011  https://nataliaandujar.wordpress.com/2012/05/27/el-voto-de-las-mujeres-saudies-simple-lavado-de-imagen-o-verdaderas-reformas-estructurales/

[5] Boggio Éwanjé-Epée,F.; Magliani-Belkacem, S. Les féministes blanches et l’empire. Paris, La fabrique éditions, 2012.

[6] Hirschkind, Ch.; Mahmood, S. “Feminism, the Taliban, and Politics of Counter-Insurgency”.

[7] AAVV. Penser l’envers obscur de la modernité. Une anthologie de la pensée décoloniale latino-américaine. Limoges, PULIM, 2014

Anuncios

2 respuestas a “Nos quieren en casa y calladas

  1. Kadour Belaid (@Kortexproject) 1, octubre, 2017 / 9:44 am

    Hayek y no hiyab, traducción adaptada solo para usar la foto?, la imagen es un fuera de contexto descomunal que lleva a miles de malos entendidos, los colonos franceses eran unos nazis antes de ser lo que sea, eran asesinos, caciques, los llevas hasta este debate con esa foto sin ni siquiera hablar de ellos

    • Natalia Andújar 3, octubre, 2017 / 1:58 pm

      Gracias por el comentario. La traducción del francés es correcta, que es lo que está entrecomillado. Lo que sigue es una frase mía que ya he corregido. El uso de la imagen es como ejemplo de cómo en Occidente se ha usado el tema de la supuesta liberación de las mujeres indígenas como proyecto civilizatorio colonial, tema que abordo en el texto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s