Diario de una conversa (2)

Diario.
Diario.

París, 21 de Ramadán

Ayer volví a ver las fotos de mis viajes. Hacía mucho tiempo que no las miraba. Los álbumes estaban cubiertos de polvo, algunos estaban incompletos, otros amarillentos. Me pregunté si me acordaría de cómo era en aquella época. La verdad es que no estaba segura.

Diría que fui una adolescente sin problemas, estudiosa y solidaria, aunque con mucho carácter e incluso mal genio. Mis ansias juveniles por cambiar el mundo me llevaron a Senegal. Ya queda lejos ese 1993 que cambiaría mi vida. Me fui a construir letrinas a un poblado en el que había una epidemia de cólera.

Después de ese viaje iniciático, se sucederían muchos más. Idas y vueltas entre dos mundos, dos realidades. Pronto me convertí en una senegalesa de adopción. Me llamaban Ndeye, la madre, una marca de respeto ya que para los musulmanes el paraíso está a los pies de la madre.

En 1999 decidí irme a vivir a ese país que me había transformado, que me había permitido conocer la universalidad del ser humano. Estuve un año en la Universidad Cheikh Anta Diop, aprendiendo de mis alumnos, compartiendo sus esperanzas y sus frustaciones, hasta que llegaron las huelgas generales durante las elecciones presidenciales.

Allí aprendí el Islam de la experiencia, el Islam telúrico, colectivo, alejado de los estereotipos transmitidos por los medios de comunicación. Me impresionó la fuerza de la tradición oral, heredada de los griots. Me pasaba las tardes escuchando leyendas e historias familiares. Tenía la sensación de volver al mundo mágico de la infancia.

Me contaron la leyenda del baobab, uno de los árboles más bellos del continente, admirado por todos por su follaje y flores. Su vanidad creció tanto que los dioses lo castigaron, enterrando sus ramas y dejando a la vista sus raíces. En efecto, parece un árbol invertido que, con sus ramas extendidas en orden anárquico, pretende implorar el perdón de los dioses.

Conocí los cantos nocturnos de las turuq y descubrí el sonido familiar del muezzin, los sacrificios de los corderos en el Aid, el respeto por los mayores, los pobres y los necesitados y ¡como no!, la teranga senegalesa, la hospitalidad.

Mi retiro senegalés me permitió estudiar el Qur’an a diario. Las primeras lecturas fueron muy difíciles, duras, incluso diría que insoportables. Pero al igual que la arcilla, todavía era impermeable a la lluvia divina de la Revelación, hasta que poco a poco me pude diluir en ella.

Sin embargo, no me conformé con vivir en una burbuja espiritual, que a la larga deshumaniza, sino que también oí las voces de muchas mujeres, musulmanas y feministas, no conformes con el estatuto que les había asignado la tradición. En mis tertulias diarias con otras mujeres surgía una y otra vez la misma reivindicación: ¡querían trabajar para ser independientes económicamente!

Descubrí la literatura feminista africana a través de Une si longue lettre, de Mariama Ba o Parole aux Négresses, de Awa Thiam o aún La grève des bâttu, de Aminata Sow Fall. Esta literatura, considerada hasta ahora como marginal, es una literatura emergente que habla de las minorías: mujer y negra y defiende un “feminismo africano”.

Gracias a mi estatuto de “tubab” (blanca) me salté muchas normas impuestas a las mujeres, pero no me interesaba que me trataran de manera especial. No acababa de entender el reparto injusto del espacio público/privado o la hipocresía de una poligamia al servicio del ego masculino. A pesar de las apariencias, yo no venía de una cultura tan diferente.

Recuerdo que en una ocasión, una de mis maestras en el Islam me dijo de manera un tanto cínica pero muy cierta que si me hubiera enterado de cómo se comportaban los musulmanes antes de pronunciar la shahada, seguramente nunca me hubiera hecho musulmana.

La lista de injusticias que sufrimos las mujeres es larga y mi visión del Islam siempre ha sido crítica, abierta y a la vez regeneradora. Pero es muy difícil hacer una autocrítica sin caer en un ajuste de cuentas o en el simplismo más desalentador. No se trata de hacerles el trabajo sucio a los islamófobos.

De lo que estoy hablando es de la apropiación de la visión del Islam por parte de los fanáticos e intransigentes de toda índole, del abismo entre lo que el Islam predica y la actitud de muchos musulmanes. Muhammad dijo que “el din (la religión) es la manera de comportarse de los musulmanes”. El Islam no tiene dogmas y no puede reducirse a un legalismo anquilosado.

No podemos hablar de piedad y maltratar a las mujeres, no podemos hablar de que el Islam significa paz y recurrir a la violencia, no podemos decir que en el Islam todos somos iguales y en cambio ser misóginos. No podemos porque es una contradicción total. Así que una se pregunta, ¿por qué después de ver tantas injusticias apabullantes una sigue siendo musulmana?

Debo reconocer que cuando nacieron mis hijas, atravesé una época de crisis, las dudas me asaltaron, había demasiadas cosas que no me cuadraban. Hasta que por fin encontré lo que había intuido desde hacía muchos años: que una podía trabajar, decidir cómo debía vestirse, tener espíritu crítico, acceder a la interpretación de los Textos Sagrados y seguir siendo musulmana. En definitiva, que existía un feminismo islámico.

Por aquel entonces, ya me encontraba aquí, en Francia. El impacto de este descubrimiento fue muy grande y me permitió conciliar mi fe con mi trayectoria personal. Descubrí el inmenso legado de nuestras antepasadas defensoras de los derechos de las mujeres: Jadiya, Aisha, Umm Salama, Sakina. Y leí con avidez los trabajos de intelectuales musulmanas que luchan actualmente por la igualdad de género dentro del Islam: Amina Wadud, Asma Barlas, Riffat Hassan, Ziba Mir Husseini, Kecia Ali, Asma Lamrabet y tantas otras…

Diario de una conversa (1)

Diario.
Diario.

París, 20 de Ramadán de 1428

Querido diario:

Aunque no tengo el síndrome de la hoja en blanco, hablar de una misma siempre significa desnudarse un poco, mostrarse vulnerable. Lo detesto profundamente. Pero la dificultad de esta tarea supone un reto para el nafs. Puede más el afán de superación interior que el pudor y el miedo a tu mirada. Sobre todo supone rendirle cuentas a una misma y quizá asomarse al espejo trucado de nuestra propia imagen; fragmentos de una identidad compuesta de retazos inacabados. Se trata de una historia que nadie puede escribir por nosotros porque en realidad se va escribiendo a sí misma conforme la vamos viviendo.

Como sabes, hace ahora casi 9 años que abracé el Islam. Aunque todavía sigo recordando con emoción ese momento, al revés de lo que les suele ocurrir a otros “conversos”, no supuso el inicio de nada milagrosamente nuevo, ni siquiera una ruptura con mi vida anterior, sino más bien se trataba de un capítulo sin fracturas, una transición perfecta. Lo paradójico es que a pesar de esa linealidad ininterrumpida, incluso difusa, que supuso mi vuelta al Islam, desde entonces el tiempo ha ido marcando inexorablemente mi vida, acompasada por un reloj caleidoscópico: un 20 de diciembre de 1998 pronuncié mi shahada, la profesión de fe. El mismo día tuvo lugar otro nacimiento, el de mi sobrina, con la que además comparto el mismo nombre. Por cierto, a mi cuñada (su mamá) y a mí nos llaman hermanas gemelas porque nacimos a la misma hora y en la misma fecha. Y como era de esperar, mi hija mayor se llama como ella. Entre tanta coincidencia abrumadora aparecen dos elementos indisociables: el nacimiento y el nombre.

Muhammad (s.a.s.) dijo en cierta ocasión: “Todo recién nacido aún conserva el sentido y la naturaleza de todas las cosas, la Fitra con la que Allah lo ha creado todo; son sus padres quienes lo hacen cristiano, judío o zoroastriano”. Sus compañeros replicaron: “…o musulmán”. Y Muhammad (s.a.s.) les respondió: “No, el recién nacido siempre es musulmán; el Islam es la Fitra”.

Algunos piensan que éste y otros ahadiz son una muestra evidente de la intransigencia del Islam. En verdad, los lectores perezosos son ignorantes y arrogantes. “Musulmán” significa “aquel que se somete a Dios” e “Islam”, “sometimiento inmanente”. No se han enterado de que el Islam es más que una simple religión en su dimensión histórica.

Así pues, la historia de mi conversión es la historia de un nacimiento, a la vez principio y fin, instante en el que el tiempo desaparece, en el que se funde en el Yo. La shahada es nacimiento y parto espiritual de uno mismo. Al igual que un recién nacido, oímos nuestro propio susurro al pronunciar La ilaha illa Allah, Muhammadan Rasulullah.

Durante mi infancia, como la de muchos otros españoles nacidos durante la transición española, no se hablaba de religión. Era una especie de tabú o de pesadilla que se quería olvidar lo más rápidamente posible.

Por parte paterna, me marcarían para siempre las historias que me contaba mi abuela sobre el sufrimiento que supuso la guerra civil, la dictadura de Franco y la emigración andaluza en Cataluña. Esos relatos eran testimonios trágico-cómicos sobre la separación forzada, la integración en otras tierras y la identidad perdida. Temas que por desgracia hoy en día son de rabiosa actualidad. La miseria y el sufrimiento no sabe de nacionalidades.

Al mismo tiempo, por parte materna me acunaron con las historias sobre el parisino mayo del 68, su energía y radicalismo juvenil, sus ansias de libertad y la subversión ante el orden establecido. Así es que crecí en el seno de una familia típica del socialismo de transición, cuya relación con el pasado todavía era tensa, pero que tenía muchas esperanzas depositadas en el futuro democrático de nuestro país…

Ni Putas Ni Sumisas y la instrumentalización política de la batalla contra el velo

Ni Putas Ni Sumisas
Ni Putas Ni Sumisas

El feminismo de encargo

Según la versión oficial, la asociación Ni Putas Ni Sumisas (NPNS), que se autocalifica como movimiento, fue creada en 2003 después de la Marcha de las mujeres de los barrios contra los guetos y por la igualdad.

En realidad, se trata de una creación de SOS Racismo, a su vez creado por Julien Dray, cuyos discursos son de lo peorcito dentro del Partido Socialista.

Esta asociación ha contribuido con creces en la campaña mediática contra las barriadas de las ciudades francesas y el Islam. Tanto los partidos políticos (desde el Partido Socialista hasta el UMP) como los periodistas se han subido al carro del movimiento. Pero los políticos que elogian a esta asociación son los mismos que no aplican la paridad, por ejemplo, al reducir las subvenciones de las asociaciones de mujeres o cuando sólo tienen en cuenta a las mujeres extranjeras dentro de la célula familiar, es decir, que no existen como seres independientes.

La asociación se considera como “un movimiento de renovación del feminismo apoyado en la base popular y que no se posiciona como movimiento contestatario y subversivo, sino que a pesar de que critica la falta de eficacia y de acción de los poderes públicos, intenta actuar conjuntamente con ellos e influir en los procesos de decisión administrativos y legislativos” (1).

De todos es sabido que los poderes públicos le han concedido subvenciones exorbitantes en comparación con las asociaciones de base que tienen que mendigar cada euro que reciben (2). El objetivo no es otro que comprar una paz social y de paso, ganar algunos votos, sobre todo después del desastre electoral de 2002 con la fulgurante ascensión de los lepenistas.

No obstante, en la nueva carrera electoral, los políticos han cambiado de estrategia y han preferido aparcar al movimiento hasta nuevo aviso.

Mientras tanto, los dirigentes de NPNS (todos ellos militantes socialistas) gozan de un relativo prestigio social por sus servicios leales. Curiosamente, la estafa por parte de Mohamed Abdi, Secretario General de NPNS, sobre un desvío de fondos públicos, apenas apareció en la prensa (3). En un primer momento fue condenado aunque después salió airoso gracias a un recurso de casación.

También sorprende el posicionamiento de la presidenta de la asociación, Fadela (Fatiha) Amara, para la que el antisemitismo es la madre de todos los racismos, y afirma que es lo primero contra lo que se debe luchar. Debe ser por eso por lo que participó el año pasado en “La primavera de los Derechos Humanos y la fraternidad”, coordinada por Marc Lumbroso, presidente de B’nai B’rith Francia (4), acompañó a Anne Hidalgo del ayuntamiento de París y a Dominique Bertinotti, alcalde del 4° distrito de París, en su visita a Israel o participó en mayo de 2006 junto a Alain Finlkielkraut y la élite socialista y la de derechas en un “encuentro republicano” organizado por la Liga contra el Racismo y el Antisemitismo (Licra), el Gran Oriente de Francia y la Unión de Estudiantes Judíos de Francia (UEJF). Todo ello, evidentemente para luchar contra el antisionismo (perdón, el antisemistismo) y porque los otros tipos de racismos no son prioritarios.

Aparte de los elogios hacia esta asociación, sabiamente construidos por parte de los políticos y de la prensa mainstream, su discurso ha suscitado muchas críticas porque convierte a la mayoría de las musulmanas en eternas víctimas al negarles cualquier existencia mediática y política.

No nos engañemos, no se trata de un nuevo feminismo sino de un feminismo de Estado sin ninguna base social. Quizás en sus inicios su discurso, en el que todo encaja como por arte de magia (el Islam oprime a las mujeres) unido al impresionante despliegue mediático, cautivó a las masas. Pero pronto bajó la espuma.

La islamofobia como tela de fondo

El movimiento NPNS se ha apoyado en tres puntos para mediatizar su acción: el escándalo de las violaciones colectivas, el crimen brutal de la joven Sohane y el debate sobre la ley contra los signos religiosos. En realidad, no se trataba de que progresaran los derechos de las mujeres sino más bien de estigmatizar al hombre arabo-musulmán de los suburbios, como un granuja que vive entre la mezquita integrista y el cuarto de basuras donde se viola.

Así apareció un “feminismo mediático” instrumentalizado con fines políticos para organizar la división de géneros en las barriadas y aumentar la islamofobia. “Liberemos a la bella Fátima pero démosle una paliza al peligroso Mohamed” no es más que un atavismo de una gestión de géneros que ya existía en la época de las colonias con sus ceremonias de desvelamientos de mujeres indígenas.

Como lo afirma Elise Lemercier, doctoranda en Sociología en la universidad de Metz: “Al no tener en cuenta la articulación de las relaciones sociales desde una perspectiva crítica, la acción de NPNS ha producido unos efectos contradictorios como la invisibilidad del sexismo mayoritario, el refuerzo de un sexismo identitario e incluso la legitimación a posteriori de las discriminaciones hacia las minorías étnicas. Además, NPNS no se ha enfrentado contra las diferentes formas de racismos internos del movimiento feminista ni contra el beneficio que sacan las mujeres mayoritarias cuando hablan en nombre de todas” (5).

La situación de las mujeres de las barriadas no ha mejorado porque aparte de su “Guía del respeto”, que se repartió en las escuelas y de algunas conferencias muy mediatizadas, su implantación en los barrios es prácticamente nula. En cambio, su discurso simplificador y sesgado ha tenido unas consecuencias muy negativas.

La socióloga y antropóloga Christelle Hamel lo resume de la siguiente manera: “NPNS tienen razón cuando denuncian la violencia en las barriadas, porque existe, pero el problema es cómo la sociedad francesa percibe esta denuncia. La imagen mediática clásica, era la de un joven árabe delincuente. Ahora se trata de un joven árabe delincuente y violador”.

El politólogo Hicheme Lehmici va más allá cuando afirma que este movimiento ha permitido que los actores políticos le den la vuelta al discurso y a la visión del problema. De esta manera, los habitantes de las barriadas no son las víctimas de unas políticas erróneas sino que han pasado a ser los acusados. Al gobierno le interesaba sobremanera difundir esa visión ya que había dejado que la situación social se degradara.

NPNS se convierte así en una interlocutora privilegiada para los suburbios, en los que la clase política había fracasado. Eso explica la colaboración explícita de la clase dirigente y su apoyo a la asociación.

El escritor Pierre Tévanian denuncia el desfase entre el discurso de sus responsables, es decir, concebido y adaptado a la clase política mediática dominante (blanca, burguesa, masculina) y los discursos, objetivos y misiones que se supone que defiende la asociación.

El resultado es concluyente: se ha desviado la atención sobre los verdaderos problemas que afectan a los franceses. Es más fácil aceptar la violencia en las barriadas que en la sociedad francesa en general y, en ese sentido, se ha instrumentalizado a NPNS.

Según un estudio de Laurent Mucchielli (6), director del Centro de Investigación Sociológica sobre el Derecho y las Instituciones Penales (Cesdip), la palabra “tournantes”, que designa las violaciones colectivas cometidas por jóvenes de las barriadas, sería una construcción mediática reciente; y la referencia constante al origen magrebí o africano de los violadores ha desembocado en una identificación entre violaciones colectivas e Islam. En su opinión, es una muestra de la tendencia actual xenófoba que diaboliza a los arabo-musulmanes.

Tal y como lo confirman las investigaciones recientes, los casos de violaciones colectivas son escasos y los autores de las mismas muy diversos. Al ocultar un análisis real de las violaciones colectivas se han fomentado las lecturas culturalistas y los simplismos de la extrema derecha. Es decir, si algunos jóvenes de las barriadas son violentos, y en concreto si son violentos contra las mujeres, se debe a su cultura y a su religión.

Pretender que el Islam es una religión intrínsecamente violenta y misógina significa faltar a la verdad y atribuirle una esencia inamovible que obliga a meter en el mismo saco a todos los habitantes de un barrio, sin tener en cuenta las individualidades, ni las condiciones sociales e históricas. Y a eso se le llama simple y llanamente islamofobia.

El pseudo-debate en España

Por otro lado, no debemos olvidar que esta asociación ha sido la instigadora y defensora de la ley contra el velo en Francia. Ana Guerrero, presidenta de la delegación de NPNS en Barcelona, nos presenta su brillante reflexión al respecto: “Yo estoy convencida de que el velo es un instrumento de sumisión y creo que en España se debería empezar a tratar el tema. No me gustaría ver a chicas con hiyab en el colegio o en institutos públicos y quizá dentro de unos años deberíamos observar la ley francesa. Aunque sería fantástico no tener que hacerlo porque eso significaría que tenemos un Islam abierto” (7).

Es decir, hay un Islam abierto y otro cerrado, uno de buenos y otro de malos y las mujeres que llevan el velo pertenecen a ese Islam cerrado y malo. El nivel de reflexión y profundidad argumentativa no puede ser más elocuente, sin tener en cuenta los estudios sociológicos actuales que niegan esa visión simplista de la realidad. (8)

En su misión salvadora, las mujeres ingratas que se ponen el velo no pueden acceder a esa supuesta liberación . Las NPNS dicen que son una asociación feminista que reúne a las mujeres de los suburbios parisinos pero en realidad discrimina a las francesas musulmanas que llevan velo ya que está prohibida su adhesión (9). ¿Acaso no la libertad de asociación y de expresión no se aplica para todos? Y si otra asociación se atreviera a llevar a cabo una discriminación bajo un criterio religioso, por ejemplo, una asociación que prohibiera la adhesión a los ciudadanos que llevasen un crucifijo, ¿cómo reaccionaríamos?

Según Ana Guerrero, “creó esta asociación para defender los derechos de las mujeres musulmanas”, pero ¿cómo va a defenderlos si lo que pide es que el Estado recorte sus derechos civiles? El Estado no puede entrar en cuestiones que atañen a la libertad personal. “Imponer por su bien” es el viejo argumento colonialista en el que subyace un sentimiento de superioridad frente al salvaje.

Así es que últimamente oímos hablar a menudo de la necesidad de llevar a cabo un debate sobre el velo, tanto desde la administración pública como desde ciertos sectores feministas extremistas laicos y de ultraderechas (10). Pero si queremos emular al vecino galo, por lo menos debemos conocer todos los aspectos del pseudo-debate y no sólo lo que nos llega a través de la prensa o las versiones oficiales interesadas.

Pues debatamos. Debatamos sobre el resultado de esa ley, sobre por qué si una mujer lleva velo no puede trabajar, sobre por qué a veces la miran mal y la insultan, por qué no puede enseñar ni aprender en la escuela pública si lo lleva y por qué siempre se habla en su nombre.

La respuesta es evidente para algunos. Juan María del Pino, presidente de la Confederación Andaluza de Asociaciones de Padres de Alumnos de Centros Católicos (Confapa) está convencido de que el velo “es una imposición machista”. Pero desde esa perspectiva, sorprende que a la “pobre víctima” se le castigue por ello a estar en paro, a sufrir discriminación y a negarle el derecho constitucional a educarse en una escuela pública.

Pero sigamos debatiendo. Si la característica que tiene el velo es que “está cargado de toda una simbología moral, de recato, separación de los sexos y supeditación al varón”, como afirma Rosa María Rodríguez Magda en una entrevista concedida a El minuto digital (11), entonces ¿por qué las nuevas generaciones de mujeres musulmanas quieren llevarlo voluntariamente y, en algunos casos, incluso lo hacen contra la opinión de su entorno? ¿Por qué se rebelan contra los que intentan vulnerar sus derechos, sean musulmanes o no, si son sumisas? ¿Esas musulmanas no cuentan en sus análisis sociológicos objetivos y científicos?

Lo que no sabe, o más bien, no quiere saber, es que desde hace unos veinte años, en ese mismo país en el que se ha prohibido llevar el velo en la escuela, cada vez hay más adolescentes que deciden llevarlo, ya sea como una reivindicación religiosa o de identidad. Son francesas y se definen como “feministas y musulmanas”, exigen tanto llevar velo libremente como luchar contra la obligación de llevarlo. Desconciertan a los políticos y a los sociólogos, a los profesores y feministas de cualquier tipo porque les obligan a cuestionar las representaciones de estas jóvenes que han elaborado.

No es cierto que todos los movimientos feministas franceses estén a favor de la ley contra el velo, ni que los que están en contra sean sólo musulmanes.

Si las asociaciones representantes del Islam institucional aceptaron la ley contra el velo, fue a cambio de asegurarse la elección en el CFCM (Conseil Français du Culte Musulman). Ni siquiera se tomaron la molestia de integrar a las mujeres en el pseudo-debate.

Por otro lado, para Christine Delphy, militante histórica por los derechos de las mujeres, se trata de una ley racista. Y arremete contra las feministas antivelo reprochándoles que “el feminismo debe ser mundial o sino no es feminismo. Debe tener en cuenta las luchas de todas las mujeres del mundo, y de todos los grupos de mujeres. Esas mujeres [las que llevan velo] sólo pueden luchar a partir de su propia vida y de su propia experiencia. Un feminismo que excluye la vida y la experiencia de ciertas mujeres no puede ser válido”.

Visto lo visto, darle carta blanca a Fadela Amara y compañía para hablar de feminismo islámico es lo peor que podríamos hacer en España, entre otras cosas porque no sólo no lo representa sino porque está en contra de sus postulados al asociar Islam y opresión contra las mujeres.

Como afirma Ángeles Ramírez, profesora de Antropología de la UAM: “Nuestra islamofobia se sustenta en buena parte sobre la situación de las mujeres de “los otros”. La islamofobia, además, argumentada y justificada a partir de una crítica a la situación de las mujeres musulmanas, sobre todo las del pañuelo, que parece que necesitan ser salvadas” (12).
Antes de salvarnos de nada, se nos debe escuchar. ¿Pero las musulmanas podemos acceder a cualquier tipo de debate público sin vender nuestra alma? ¿Vale la pena entrar en un debate artificial creado a partir de prioridades ajenas a las nuestras?

Notas

(1) Estudio sobre la “Acción de prevención de comportamientos sexistas, dirigida a adolescentes menores de 15 años”, p.4

(2) En el presupuesto previsto para 2003, se calculó una financiación pública de 466.143 €, es decir, el 91,6% de las entradas. http://www.ufcn.org/npns.pdf
(3) En una nota de prensa muy escueta de Le Figaro, del 17 de noviembre de 2004.
(4) Uno de los objetivos de la asociación es apoyar al Estado de Israel.
(5) Artículo de Elise Lemercier
(6) Artículo aparecido en Le Monde, el 26 de abril de 2005.
(7) Reportaje “Abrazadas al Islam” publicado el 14 de enero de 2007 en El Periódico de Cataluña.
(8) Se pueden consultar los estudios de la socióloga Amel Boubekeur
(9) Según un artículo publicado en Libération, el 6 de marzo de 2004.
(10) El gobierno quiere promover el debate sobre la presencia de signos religiosos en el espacio público.
(11) Se puede leer la entrevista en http://www.minutodigital.com/noticias2/3493.htm

Creación del primer Congreso Internacional de Consulta de Mujeres Musulmanas

Ndeye Andújar y Pamela Taylor en el hotel Westin de Nueva York donde se celebró la conferencia.
Ndeye Andújar y Pamela Taylor en el hotel Westin de Nueva York donde se celebró la conferencia.

Del 17 al 19 de noviembre de 2006 se ha celebrado en Nueva York una conferencia internacional titulada WISE: Women’s Islamic Initiative in Spirituality and Equity, sobre el liderazgo de las mujeres musulmanas. Durante tres días, unas cien mujeres líderes en diferentes ámbitos (académico, religioso, artístico, político y empresarial) se han reunido para elaborar estrategias comunes en la defensa y la promoción de los derechos de las mujeres musulmanas. Ndeye Andújar, vicepresidenta de Junta Islámica Catalana, ha participado en el evento.

Las mujeres siempre han participado en la evolución de las sociedades. En los inicios del Islam ya planteaban cuestiones “modernas” como el derecho a la participación política, criticaban las tradiciones preislámicas y exigían que se respetara el nuevo mensaje liberador. Las mujeres del Profeta desempeñaron un papel muy importante en la sociedad de Medina del siglo VII. Podemos mencionar ejemplos como la participación de Aisha en la famosa batalla del camello o la insistencia de Umm Salama, sobre por qué el Qur’án se dirigía únicamente a los hombres, hasta que descendió un versículo igualitario y esclarecedor: no sólo el Qur’án se dirigía a los hombres y a las mujeres por igual, sino que Dios escuchaba las reivindicaciones de las mujeres.

En ese sentido, las mujeres que defendemos nuestros derechos en nombre del Islam seguimos el ejemplo de las ummahat al muminin (las madres de los creyentes) y las sahabiyat (compañeras del Profeta). Al siratal mustaqim es un camino que nos exige ser justos, ecuánimes y respetuosos entre los hombres y las mujeres. Dice el Qur’án “Ellas son una vestimenta para vosotros y vosotros sois una vestimenta para ellas” (2-187).

Por desgracia, la igualdad inequívoca que defiende el Qur’án ha dejado de aplicarse en nuestras sociedades. En diferentes partes del mundo se alzan voces que denuncian la discriminación que sufrimos las mujeres debido a la tergiversación del mensaje divino. Pero para que nuestras reivindicaciones sean más eficaces y legítimas es necesario que las mujeres accedamos a la interpretación de las fuentes del Islam.

El grupo de mujeres que nos reunimos en Nueva York era muy diverso, no sólo en cuanto a la procedencia geográfica y al tipo de profesiones que ejercemos, sino también por nuestras diferentes ideologías, religiones y políticas individuales. Pero más allá de las diferencias, nos unía la exigencia de un cambio positivo respecto a la situación de las mujeres y por ende, una mejora de nuestras sociedades en general. Durante la conferencia trabajamos sobre los siguientes temas:

• El empoderamiento de las mujeres por otras mujeres
• Debate ecuménico
• Activistas guiadas por la fe: barreras y posibilidades
• Liderazgo espiritual de mujeres
Iÿtihad: mujeres (re)intérpretes
• Iniciativas para una justicia social
• Creación del Consejo Internacional de Consulta

El panel más polémico pero a la vez clave fue el del iÿtihad (esfuerzo interpretativo). Algunas de las cuestiones que nos planteamos fueron: “¿por qué es necesario que las mujeres podamos interpretar las fuentes islámicas? ¿Hay alguna diferencia si lo hace un hombre o una mujer? ¿Qué implica esta reivindicación? ¿De qué manera puede mejorar la situación de las mujeres?”. Los debates fueron muy acalorados, sobre todo cuando se abordó el tema de las declaraciones de Jack Straw sobre el niqab en el Reino Unido…

En teoría, las mujeres pueden interpretar las fuentes islámicas, no hay nada en el Qur’án que se lo prohíba, pero en la práctica nos topamos con muchas dificultades y oposición. Como dice Asma Barlas:

“A lo largo de prácticamente toda nuestra historia, la mayoría de los musulmanes ha interpretado el Qur’án como un texto patriarcal e incluso misógino. Pero cuando algunos expertos contemporáneos han comenzado a defender que estas interpretaciones guardan relación con quién ha leído el Qur’án, cómo y en qué contextos, los musulmanes conservadores se han parapetado detrás del baluarte de la tradición. De este modo, rechazan, en el nombre de la tradición, nuevas lecturas del Qur’án, sobre todo si proceden de mujeres, tanto porque esas lecturas alteran los significados atribuidos al texto por exégetas varones como porque, el hacerlo, representan una amenaza para los papeles tradicionales de los hombres como intérpretes del conocimiento religioso. Así, los conservadores pueden descartar las interpretaciones femeninas sin siquiera haberlas leído”.

(Texto, Tradición y Razón: Hermenéutica coránica y política sexual)

No sólo las mujeres deben acceder a la interpretación del Qur’án (aunque esto es fundamental), sino que para que las cosas cambien, la interpretación debe tener un enfoque femenino igualitario. No hace falta ser un hombre para defender una lectura patriarcal y misógina del Qur’án. Por desgracia, los fundamentalistas están utilizando a las mujeres con fines políticos. Saben que somos una pieza clave para la democratización de las sociedades musulmanas.

Entre las participantes americanas, se encontraba Laleh Bakhtiar, una eminente intelectual musulmana y discípula de Seyyed Hossein Nasr, que acaba de realizar la primera traducción del Qur’án en inglés hecha por una mujer. Laleh llevó a cabo un estudio minucioso sobre el controvertido versículo 4:34 que en muchas versiones se traduce según el significado convencional “Pero a aquellas [mujeres] cuya animadversión temáis, amonestadlas primero; luego dejadlas solas en el lecho; luego pegadles; pero si entonces os obedecen, no tratéis de hacerles daño”. La traducción que propone es “iros” en lugar de “pegadles”, porque es una de las acepciones de la raíz árabe D R B (daraba) que concuerda mejor con el sentido de la frase, y sobre todo, porque es exactamente lo que hizo el Profeta cuando tuvo una desavenencia con sus mujeres. Se fue, se apartó de ellas durante un mes, pero nunca las maltrató.

Por otro lado, la idea de formar a un grupo de mujeres para convertirse en muftiya (eruditas que pueden emitir fatâwâ) surgió a raíz de una anécdota muy significativa. En julio participé en una conferencia en Dinamarca titulada Muslim Leaders of Tomorrow, organizada por Asma Society (asociación musulmana americana que también ha organizado la conferencia en Nueva York). En uno de los debates, Kecia Ali, profesora de Religión de la Universidad de Boston, estaba comentando la importancia del imamato femenino cuando de repente un hombre del público se levantó y le dijo que cuando ella fuera una muftiya entonces él se sentaría a sus pies y seguiría sus enseñanzas. Lo que quería decir es que hasta que las mujeres no tuvieran los conocimientos suficientes para emitir un pronunciamiento legal, sus opiniones no tendrían ninguna credibilidad ni legitimidad entre la comunidad musulmana.

El Consejo Internacional de Consulta de mujeres musulmanas estará formado por siete eruditas que podrán emitir fatâwâ, pero también habrá abogadas, científicas, académicas, etc. que se encargarán de trabajar sobre todos los aspectos que afectan a las mujeres musulmanas y lucharán contra dos estereotipos frecuentes que consisten en asociar el Islam con la opresión de las mujeres y con el terrorismo.

Durante el primer año intentaremos ponernos de acuerdo sobre las funciones del Consejo, cuál será su adaptación local, el impacto que tendrá y cuál será el apoyo de la comunidad musulmana. Además, se concederán unas becas para formar a un grupo de muftiya durante los próximos diez años.

Pienso que la creación de este consejo es muy importante para asegurarnos de que las perspectivas de las mujeres en la ley islámica formen parte del debate religioso (sobre todo en cuestiones tales como la violencia doméstica, el divorcio y la herencia). El liderazgo de las mujeres es necesario para ser más justos, no por el mero hecho de acceder al poder. No se trata de sustituir un patriarcado por un matriarcado, sino de respetar los preceptos genuinos del Islam que defienden la igualdad ontológica entre los hombres y las mujeres, que se sitúa por encima de las diferencias biológicas.

Sabemos que hay muchas resistencias y dificultades. Todavía está por ver cómo se va a solucionar el problema de la formación. Por un lado, si las mujeres nos tenemos que formar en las universidades islámicas “autorizadas” por los ulema, no tendremos mucho margen para el cambio y repetiremos las enseñanzas tradicionales que discriminan a las mujeres. Pero por otro, si nos formamos en las universidades occidentales, careceremos de legitimidad en el mundo musulmán. Sea como sea, los cambios ya se están produciendo y no hay vuelta atrás. Las nuevas generaciones están planteando nuevos desafíos que no podemos silenciar ni ocultar por más tiempo.

El velo ¿principio fundamental del Islam?

Yihab.
Hiyab.

¿Por qué el velo es un tema de tanta actualidad y crea tanta polémica? Para poder contestar debemos tener en cuenta diversos factores: lo que dicen las fuentes islámicas, su historia en las diferentes tradiciones, la percepción y uso del velo por parte de los musulmanes en general y la percepción del velo por parte de los no musulmanes. Pero la cuestión que debemos plantearnos es si el velo tiene un fundamento teológico o si se trata de un asunto político y/o cultural. Es necesario llevar a cabo un análisis minucioso porque como dice el Qur’an: Y no te ocupes de aquello de lo que no tienes conocimiento: en verdad, el oído, la vista y el corazón –todos ellos– habrán de responder por ello [en el Día del Juicio]! (Surat 17: aleya 36)[1].

Mi intención no es crear una polémica innecesaria sino, todo lo contrario, mostrar la necesidad de plantear un debate interno, un debate legítimo porque nos afecta directamente como mujeres musulmanas. Yo diría que se trata de resposabilidad y coherencia ya que no debemos aceptar algo porque “solamente” lo digan los demás sino que debemos cotejar las informaciones e intentar buscar nosotros mismos la Verdad.

El Islam se caracteriza, entre otras cosas, por carecer de iglesias, de sacerdotes o intermediarios entre Al-lâh y sus siervos. Así, pues, sin querer negar la aportación inestimable de los grandes eruditos en Islam, en mi opinión el verdadero yihad personal es la lectura e interpretación del Qur’an. Todo musulmán ha de intentar encontrar las respuestas a sus preguntas en el Libro Sagrado, puesto que éste es la Palabra Divina, completa, perfecta, verdadera. En el Qu’an podemos leer acerca del mensaje divino:

Di: “¿Qué testimonio de la verdad tiene el mayor peso?” Di: “Dios es testigo entre vosotros y yo; y este Qur’an me ha sido revelado para que, por medio de él, os amoneste a vosotros y a aquellos a quienes alcance.”

¿Atestiguaríais, en verdad, que hay otras deidades junto con Dios? Di: “¡No atestiguo [tal cosa]!” Di: “¡Él es el Unico Dios; y, ciertamente, estoy lejos de atribuir divinidad, como vosotros hacéis, a algo junto con Él!” (6: 19)

(…) aunque no hay animal que camine sobre la tierra ni ave que vuele con sus dos alas, que no forme comunidades como vosotros: ningún detalle hemos descuidado en Nuestro decreto. (6: 38)

[Di:] “¿Voy acaso a buscar un juicio distinto del de Dios [sobre lo que es correcto o incorrecto], cuando es Él quien ha hecho descender para vosotros esta escritura divina, que expone claramente la verdad?”

Y aquellos a quienes dimos la revelación con anterioridad saben que esta, también, ha sido hecha descender, gradualmente, por tu Sustentador con la verdad. No seas, pues, de los que dudan porque, en verdad y en justicia, se ha cumplido la promesa de tu Sustentador. No existe poder capaz de alterar [el cumplimiento de] Sus promesas: y sólo Él todo lo oye, todo lo sabe. (6: 114, 115)[2]

Nosotros sabemos mejor lo que dicen. Tú no tienes poder de coacción sobre ellos, así pues llama con el Corán al recuerdo, a quien tema Mi amenaza. (50: 45)[3]

Todas estas surat nos recuerdan que el Qur’an es la Palabra de Al-lâh transmitida a la humanidad a través de su Profeta Muhammad (saw). El hecho de que éste fuera analfabeto no es un azar. Simboliza la pureza del mensaje divino.

Las fuentes de la Sharia: diferentes interpretaciones y niveles de comprension

La primera fuente de referencia de todo musulmán y en la que también se apoyan los fervientes detractores del Islam es el Qur’an. Pero se plantea el problema de las interpretaciones y, en consecuencia, el de las traducciones.

Por lo que se refiere a las interpretaciones, los propios ulema no están de acuerdo en ciertos temas y no por ello unos y otros dejan de ser musulmanes, aunque también es cierto que su credibilidad puede verse mermada. En general, hay dos corrientes opuestas en cuanto a la manera en la que se debe interpretar el Qur’an: por un lado, una interpretación única y exclusivamente literal y dogmática; y por otro, una lectura además de literal, metafórica y contextualizada del Qur’an que, evidentemente, requiere mucho más esfuerzo.

Podemos establecer tres niveles de lectura del Qur’an. En algunas surat, se habla de situaciones concretas que tuvieron lugar en el momento de su revelación. En un primer nivel, pues, se lleva a cabo un estudio dialéctico del texto y del contexto para extraer una serie de principios.

En un segundo nivel de lectura, el texto coránico, transmite un contenido moral. Se necesita llevar a cabo un enfoque global del mensaje para extraer más tarde los principios y valores de dicha moral, en función de los diferentes ámbitos de la conducta humana.

Por último, un tercer nivel de lectura, que requiere una inmersión espiritual e intelectual profunda en el texto y el mensaje revelados. Se trata de extraer los preceptos islámicos en cuanto a las exigencias de fe (arkân al-iman), a la práctica religiosa y a sus fundamentos (arkân al-islam). Aquí únicamente la lectura del Qur’an no basta sino que se ha de recurrir a los ahadiz (por ejemplo, para saber cómo se debe hacer salat)[4]. Así pues, vamos a intentar analizar lo que suponen estos tres niveles de lectura.

Por lo que se refiere al primer nivel de lectura, todos hemos podido comprobar en la vida diaria cómo la misma frase dependiendo en qué momento se dice y a quién se dice, cambia por completo nuestra interpretación inicial. ¿Por qué entonces les cuesta tanto a algunos entender que eso también puede pasar con el Qur’an? El Texto es único, pero las lecturas son múltiples, ya que hay múltiples lectores y esa es la gran riqueza del Libro Sagrado, el hecho de que su conocimiento profundo es inabarcable. Tampoco sería acertado oponer “fe” y “razón” en la lectura del Qur’an puesto que ambas son necesarias. Un ejemplo de interpretación literal y metafórica lo podemos encontrar en la surat del Hierro: “Y así fue como enviamos a Nuestros mensajeros con las pruebas claras e hicimos descender con ellos el Libro y la Balanza, para que los hombres pudieran establecer la equidad. E hicimos descender el hierro, que encierra tanto un gran poder de agresión como utilidad para los hombres (…)”[5] (57:25). A partir de estudios recientes se ha demostrado científicamente que el hierro proviene del espacio gracias a los meteoritos que cayeron en la Tierra hace millones de años, lo que confirma el sentido literal sobre el “descenso” del hierro del espacio, e igualmente, Al-lâh el Omnipotente hizo “descender” el hierro en un sentido metafórico.

El Qur’an tiene una cualidad única y es que habla a personas con diferentes niveles de conocimiento. Cada uno saca del Qur’an aquello que su intelecto puede entender. Para mí, lo importante es vivir de manera coherente según lo que cada uno entiende del Qur’an, evidentemente dentro de un marco y no por ello se debe estar a favor de cualquier tipo de licencia para hacer lo que se quiera y como se quiera. Pero insisto en la importancia de la coherencia y la sinceridad con respecto a lo que entendemos. Lo fundamental es que para entender hay que leer, reflexionar, cuestionarse constantemente sobre nuestros conocimientos porque eso es lo que nos hace avanzar y adaptarnos a nuevas situaciones.

Eso es lo que intentan hacer algunas musulmanas que se “atreven” a interpretar el Qur’an aún con todo el rechazo y los prejuicios de algunos musulmanes[6]. Algunas de las mal llamadas “feministas islámicas” proponen una lectura del Qur’an diferente de la lectura masculina omnipresente. “Feminismo islámico” debe ser entendido en el sentido de que son musulmanes y musulmanas que reivindican la igualdad de los derechos de la mujer basada en una validez teológica: su derecho a educarse, a trabajar, a tener su propio estatuto legal, la mujer puede divorciarse por propia iniciativa, por ejemplo si no está satisfecha sexualmente de su marido (lo que muestra hasta qué punto el islam es revolucionario). Pero sobre todo iguales ante Al-lâh. Evidentemente se habla de igualdad de derechos y de estatuto, no en cuanto a “igualdad” intrínseca, puesto que es obvio que el hombre y la mujer no son “iguales”, es decir, no son “idénticos”.

La mayoría son mujeres intelectuales (abogadas, políticas, investigadoras, profesoras universitarias, etc.). Pero muchos hombres y mujeres musulmanes intentan desacreditarlas diciendo que sus interpretaciones no son válidas porque no son ulema. ¿Pero quién decide quién merece llevar esa etiqueta y en base a qué criterios?¿Por qué nadie conoce a mujeres ulema en la actualidad?¿O es que las mujeres no tienen capacidad para serlo?

Si nos remitimos al Qur’an, Bilqis, la reina de Saba, discutía con el rey Suleimán sobre la justicia y la política de su reino. Según la Sira (historia de la vida del Profeta (saw)), Aisha (rAa), mujer del Profeta (saw), además de reglamentar gran parte de la Sunnah ejerció durante 40 años la función de Mufti. Umm Salama, fue consejera política del Profeta (saw) durante el tratado de «Al Hudaybia». Zaynab (rAa), la hija del Profeta (saw), declaró en la mezquita de Medina delante de la salat a todos los hombres y mujeres que estaban allí que su ex-marido (no musulmán y perteneciente a la tribu que estaba en guerra contra los musulmanes de Medina) se encontraba bajo su protección. Después de la salat, el Profeta (saw) aceptó que esa persona circulara libremente. Toda la comunidad respetó la protección asegurada por una mujer a un incrédulo. Asma Bint Yazib Bin Sakan fue la primera mujer que reivindicó el yihad…[7] Todos estos ejemplos muestran que ya en los inicios del Islam las mujeres se expresaban libremente, defendían sus puntos de vista e interpretaban las enseñanzas del Profeta (saw). Es cierto que debemos esforzarnos por recuperar esa memoria perdida pero no debemos vanagloriarnos sin más de ese pasado esplendoroso, ni debemos olvidar la dura realidad que les toca vivir a muchas musulmanas, privadas de los derechos más básicos. ¡La historia ha de servir para recordar y sobre todo para avanzar y no retroceder en los derechos adquiridos hace ya catorce siglos!

En el Qur’an la palabra “velo” (hiyab en árabe) aparece ocho veces. Ninguna de ellas hace referencia al velo para cubrir el pelo, sino que tiene un claro sentido de “cortina” (7: 46, 17: 45, 19: 17, 33: 53, 38: 33, 41: 5, 42: 51, 83: 15). Se trataría, pues, de un doble contrasentido: lingüístico y de objetivo. Lingüístico porque el Qur’an no habla nunca de velo para cubrir el pelo y de objetivo, puesto que si en sus orígenes el velo se asociaba a la liberación de las mujeres que se convertían, hoy en día produce más bien el efecto contrario al deseado[8].

Como explica la escritora marroquí Fátima Mernissi (Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2003) en su libro El harén político[9], “El hiyab, literalmente ‘cortina’, ‘descendió’’ no para hacer de barrera entre un hombre y una mujer, sino entre dos hombres. El hiyab es un suceso datado al que corresponde la aleya 53 de la azora 33, que fue revelada durante el año 5 de la hégira (627)”. El Profeta (saw) se acababa de casar con su prima Zaynab (Raa), y por la falta de delicadeza de algunos de sus compañeros que no veían el momento de irse, “la aleya del hiyab ‘descendió’ en la alcoba nupcial, para proteger su intimidad y excluir a una tercera persona, en este caso a Anas b. Málik, uno de los discípulos del Profeta. Anas fue excluido por el hiyab, en su calidad de testigo y símbolo de una comunidad que se había hecho demasiado cargante, y es el propio testigo el que cuenta el suceso”.

Si a toda esta complejidad añadimos la fiabilidad o no de las traducciones en otros idiomas, basadas en un problema de interpretación inicial, cómo podemos estar seguros de que la traducción sea la correcta y por lo mismo, donde en español dice “velo”, ¿no debería decir “cortina”?

La Surat 24, An Nur (La Luz), se ocupa en gran parte de las relaciones entre los sexos y de ciertas normas éticas.

Di a los creyentes que bajen la mirada y que guarden su castidad: esto conviene más a la pureza [y,] ciertamente, Dios está bien informado de lo que hacen[10]. (24: 30)

Como vemos, aquí Al-lâh se dirige a los creyentes en general, hombres y mujeres. La castidad puede ser entendida tanto física como emocional.

En cuanto a la vestimenta y a la conducta de las mujeres, podemos leer la aleya siguiente:

Y di a las creyentes que bajen la mirada y que guarden su castidad, y no muestren de sus atractivos [en público] sino lo que de ellos sea aparente [con decencia]; así pues, que se cubran el escote con el velo. Y que no muestren [nada más de] sus atractivos a nadie salvo a sus maridos, sus padres, sus suegros, sus hijos, los hijos de sus maridos, sus hermanos, los hijos de sus hermanos, los hijos de sus hermanas, las mujeres de su casa, aquellas que sus diestras poseen, aquellos sirvientes varones que carecen de deseo sexual, o a los niños que no saben de la desnudez de las mujeres; y qué no hagan oscilar sus piernas [al caminar] a fin de atraer la atención sobre sus atractivos ocultos[11]. (24: 31)

Aquí, la palabra velo no hace referencia a la palabra árabe hiyab, sino al jimar, que era el tocado usual de las mujeres árabes antes y después de la llegada del Islam y que dejaba al descubierto los senos porque era muy holgado. “Lo que de ellos sea aparente [con decencia]” (il.la ma dahara minha). En el comentario de esta aleya que propone Muhammad Asad, nos llama la atención sobre esta expresión que, “al contrario de lo que han venido haciendo los expositores tradicionales de la Ley Islámica, que han restringido su significado al rostro de la mujer, sus manos y sus pies; tiene un significado más amplio y su deliberada imprecisión permite tomar en consideración los cambios ligados al paso del tiempo”[12].

Las creyentes no deben enseñar el escote (sus senos) por pudor y decoro, evidentemente, pero sobre todo para evitar el estado de frenesí y violencia sexual que existía en las sociedades preislámicas, es decir, como protección. Por lo tanto no debemos ignorar el contexto en el que se estableció esta conveniencia. Lo que nos debe quedar claro es que no se menciona en ningún momento la necesidad de cubrirse el pelo. Por otro lado, la decencia puede ser interpretada en su sentido espiritual y no sólo en relación con la apariencia. Puesto que, si como algunos piensan la mujer debe ir completamente cubierta, ¿qué sentido tiene que se insista en la modestia y el pudor?¿Y qué hay entonces de la modestia y el pudor de los hombres evocada anteriormente?¿O es que eso sólo es cuestión de mujeres?

Como decíamos al hablar del tercer nivel de lectura del Qur’an, para establecer los preceptos islámicos es necesario remitirse a la segunda fuente en importancia para la gran mayoría de los musulmanes que son los ahadiz. No obstante, hay que diferenciar los ahadiz, que son la narración de los dichos del Profeta (saw) recogidos después de su muerte y que contienen algunas narraciones que son incorrectas y contradictorias con el Sagrado Qur’an, la Sunnah o con otros ahadiz; de la Sunnah, que se refiere a la enseñanza práctica del Profeta (saw). Para saber si un hadiz es auténtico se deben tener en cuenta las técnicas selectivas y rigurosas llevadas a cabo por parte de los ulema en las ciencias del hadiz a través de la cadena de transmisión (isnad) y los relatores, y lo que debe premiar es que todo hadiz que contradiga el espíritu de las enseñanzas del Qur’an debe ser descartado, como señala, entre otros muchos, el reformador tunecino Mohamed Talbi[13]. Así que antes de aventurarnos a afirmar que tal cosa o tal otra es así porque “lo he leído u oído de algún hadiz“, debemos preguntarnos sobre su fiabilidad. El Libro Sagrado es completo y acabado, es perfecto y divino. Al-lâh no ha olvidado nada, si hubiera querido hubiera transmitido veinte tomos, pero si no lo ha hecho es porque hay una razón. Nosotros la desconocemos pero creo que los “silencios” del Qur’an son importantes porque nos permiten utilizar nuestro sentido común y nuestro intelecto. Si todo hubiera estado “estipulado”, hasta el ínfimo detalle de nuestras vidas, no habría espacio para el progreso, ni para el avance, ni para la diversidad, ni para el cuestionamiento. Eso sería contrario a la idea misma del Qur’an. Esos “silencios” pueden representar esa parte de libertad responsable que Al-lâh nos ha dado. Como dice Riffat Hassan, eminente doctora en Filosofía islámica:

“Ser musulmán hoy en día, significa tomar una posición contra aquellos que insisten en el hecho de que ser musulmán quiere decir seguir los caminos trazados y santificar la tradición sin someterla a un examen profundo o a una reflexión profunda. Según el Corán, Adán fue elevado por encima de las criaturas celestes por su capacidad para “nombrar” las cosas, es decir, para formar conceptos o ejercer su facultad racional (2:30-34). Y en uno de los pasajes más importantes del Corán (33:72), nos dice que Al-lâh ofreció la resposabilidad de la libertad de elección a toda la creación, pero que sólo la humanidad aceptó.” [14]

En el Qur’an no aparece en absoluto la idea de que la mujer se deba cubrir el pelo y para justificarlo, se ha de recurrir únicamente a algunos ahadiz. Uno muy conocido entre los musulmanes cuenta que Ayesha contó que Asmaa, hija de Abu Bakr, se fue hacia el Mensajero de Al-lâh llevando ropas finas. Él se acercó a ella y dijo: “¡Oh Asmaa! Cuando una chica llega a la edad menstrual no debe dejar ver nada más que esto y esto”. Y señaló la cara y las manos (Transmitido por Abu Dawud). ¿Pero qué fiabilidad tiene este hadiz?¿Está influido o no por la tradición preislámica?¿Está en contradicción o no con el espíritu del Qur’an? Es necesario llevar a cabo un análisis profundo de los ahadiz antes de aceptar sin más lo que oímos o leemos. ¿Cuántos musulmanes pueden afirmar que los ahadiz que conocen son qudsi (divino), sahih (auténtico) o maudu’ (inventado)?¿Cuántos saben que existen diferentes categorías de ahadiz y que por lo tanto no podemos considerarlos todos de la misma manera?

Las otras dos fuentes de la sharia son el ijma (consenso de la Umma) y el qiyas (razonamiento analógico) que indiscutiblemente no son de origen divino y, en consecuencia, no son inmutables. Así, entre las cuatro fuentes de la sharia (el Qur’an, los ahadiz, el ijma y el qiyas) sólo la primera es de origen divino. ¿Por qué entonces la sharia de los tres primeros siglos se ha establecido como “Ley divina” inmutable y trascendental? En principio, en base a un hadiz que dice “Mi comunidad (Umma) no se unirá jamás en el error”, es decir, que el ijma está libre de todo error, en contra de la mayor evidencia que consiste en afirmar que la infalibilidad sólo pertenece a Al-lâh. Esa posición provoca que se impida cualquier avance, discusión y dinamismo con el pretexto de que se trata de “innovaciones” en lugar de aceptar que se trata de “reformas” necesarias.

La historia del velo en las diferentes tradiciones

El uso del velo era una costumbre preislámica que no sólo compartían las otras dos religiones monoteístas (pensemos en las monjas) sino que podemos encontrarla en otras culturas (pensemos en los saris de la India, etc.). En los inicios del Islam se pidió a las mujeres que se convertían que lo llevaran para mostrar que debían ser respetadas y que habían adquirido nuevos derechos (no se las podía repudiar sin ninguna razón y poseían medios para subsistir en caso de divorcio). Pero se ha de tener en cuenta el contexto histórico en el que se estableció esta medida, básicamente como protección. El uso del velo no se generalizó hasta tres siglos después de la Revelación, en los tiempos de la dinastía de los Fatimidas de Egipto (909-1171). En esa época el velo servía para diferenciar socialmente a las mujeres: las nobles llevaban un velo y las esclavas y prostitutas no tenían derecho a llevarlo para distinguirse de esta manera. Pero aun así, éstas se las ingeniaban para llevar una especie de velo porque no querían sentirse estigmatizadas por la sociedad ya que no debería ser fácil para ellas que se les recordara constantemente esa diferencia social. Así que su imposición tenía que ver con una distinción social más que con la simple represión femenina. No obstante, como apunta Malek Chebel, “la función coercitiva del velo apareció más tarde. Es coetánea del ciclo de decadencia que caracterizó a la sociedad arabo-islámica después de la caída de Granada (1492). Además, cuando en tiempos de la colonización francesa en Argelia, las autoridades coloniales quisieron quitar el velo a las mujeres de este país para controlarlas mejor, surgió un movimiento unánime a favor del velo junto con el rechazo de este acto. Asociado a las luchas de los pueblos, el velo puede convertirse en el símbolo de la feminidad preservada.”[15]

En los años 60 en los países de mayoría musulmana muchas mujeres con formación intelectual no llevaban velo; en cambio , las mujeres de medio rural lo llevaban. El hecho de no llevar el velo se interpretaba como símbolo de la emancipación de la mujer musulmana. Actualmente, la tendencia está cambiando, y cada vez hay más mujeres jóvenes con formación universitaria que reivindican el derecho a llevar el velo libremente. Las mujeres con velo entran en la vida pública con el lema “la personalidad es lo que cuenta y no la feminidad”. En ese sentido, se ha de agradecer la contribución del velo por cuanto permite una mayor salida hacia el mundo exterior pero esa salida se “disimula” ya que el velo siempre remite al espacio del mahrem. Otra cuestión es saber cómo van a utilizar esas formaciones universitarias; si van a permitir el acceso al mundo laboral o si supone solamente un paréntesis antes de la vuelta al espacio privado.

El caso de países como Arabia Saudí, Afganistan e Irán que “institucionalizan” la vestimenta de las mujeres es contrario al principio islámico de libre elección ya que “En Islam no hay coacción” (2:256).

La percepcion del velo en occidente

Por otro lado, en Occidente el velo también crea crispación y polémica. En general, la sociedad occidental piensa que las mujeres musulmanas son sumisas y que el velo denigra a la mujer porque se las trata como a objetos. No obstante, después del revuelo creado con la ley que prohíbe los signos religiosos ostensibles en las escuelas en Francia[16], algunas feministas francesas se han alzado en defensa del uso del velo alegando que hay que respetar el “multiculturalismo” y eso ha provocado la reacción de intelectuales y de algunas feministas musulmanas como la abogada argelina Wassyla Tamzali[17]. Esta última denuncia que el uso del velo no es una cuestión cultural sino que a lo largo de la historia islámica los que están en el poder lo han perpetuado intencionadamente y han “impuesto” interpretaciones que confirman el supuesto orden social que debe reinar con el uso del velo y la segregación sexista (exclusión de la mujer del espacio público: el acceso a la educación, al mundo laboral, identidad individual y no supeditada a la identidad como madre o esposa, etc.).

Francia, país que se erige como defensor del laicismo a ultranza, quiere negar cualquier expresión a favor de la “diferencia” de forma paradójicamente “autoritaria”. En lugar de alentar un debate interno sobre la cuestión (buscar un consenso desde las diferentes interpretaciones islámicas), el Estado francés se cree legitimado para decidir por su cuenta, al estilo colonialista “hay que civilizar a los pobres salvajes”. ¿Qué fue de los ideales de la Revolución de 1789: libertad, igualdad, fraternidad? ¿O es que el “caso” musulmán es una excepción? Que haya racismo en la calle, puede tener sus explicaciones sociales, económicas y políticas que no lo justifican evidentemente. Que haya racismo institucional es igual de inadmisible y aberrante y es muy grave en cuanto a las consecuencias que conlleva.

Si piensan que prohibir el velo en las escuelas va a llevar a una “liberación” de las mujeres/niñas musulmanas, van muy descaminados. Lo único que puede provocar es una respuesta contraproducente y que se legitime el uso del velo puesto que ahora se trata de luchar contra una injusticia directa, que atenta contra la libertad religiosa.

Además, el cinismo de Occidente llega hasta límites insospechados cuando van de paternalistas y se preocupan por la supuesta (y falsa) opresión de las inocentes musulmanas víctimas de las “atrocidades” del Islam, y en cambio, muchas editoriales exigen que en las portadas de los libros que hablen de Islam aparezca una musulmana con el velo, “porque eso vende más”. Y en los últimos veinte años, ¿quién tenía más interés en desviar la atención del comunismo inventando a un nuevo enemigo? Y si ese enemigo choca de frente con el progreso, los avances y los derechos humanos, mejor que mejor. Así es más fácil legitimar su lucha. Occidente tenía mucho interés en que el uso del velo no sólo se mantuviera, sino que se extendiera.

La percepcion del velo por parte de los musulmanes

Los musulmanes tienen percepciones diferentes del velo que pueden llegar a ser antagónicas. Evidentemente no se trata de enumerar una “lista” de casos exhaustiva, sino simplemente de tener una idea de cuáles son las tendencias generales.

Algunos musulmanes defienden el uso del velo porque, según piensan, lo dice el Qur’an. Es decir, para mostrar modestia, decoro y pudor, y permitir así que se viva en una sociedad en armonía, en la que cada uno debe desempeñar un papel preciso e inalterable. Desde este punto de vista, la mujer sigue una obligación divina y se somete a la voluntad de Al-lâh y no a la del hombre. Se trata pues de la aceptación voluntaria “impuesta” por Al-lâh. Paradoja aparente…

Otros piensan que además simboliza una resistencia contra el modelo occidental y utilizan el velo como símbolo de ese Islam “de oposición”. Los casos de agresión contra mujeres con velo refuerzan esa necesidad de “resistencia militante”, que algunos resumen con la idea “estás con nosotros o contra nosotros, y para demostrar tu lealtad has de llevar el velo”. Esa idea en sí está en contradicción con la primera percepción, es decir, únicamente por Al-lâh y no por los hombres.

En el extremo opuesto, hay musulmanes que piensan que es una imposición de los hombres y les parece un aspecto “oscurantista” del Islam basado en la política del miedo que consiste en razonar de la siguiente manera: puesto que la mujer es “tentadora” (es culpable del pecado original heredado del Génesis y que no aparece en el Qur’an), debe cubrirse como Se lo ha ordenado Al-âh. Si no Le obedece se irá al Infierno. Todo se resume a haram y halal, al bien y al mal, al Paraíso y al Infierno, sin ningún matiz ni cuestionamiento. Recordando viejos tiempos ya superados en España con la Santa Inquisición.

Por último, otros piensan que sólo se trata de una cuestión cultural que hay que respetar.

Conclusion

Como hemos visto, el debate sobre el velo tiene una gran importancia debido a la carga simbólica que lleva consigo. Muchos musulmanes creen que la “buena” musulmana es la que lleva el velo, y la que no lo lleva es “impúdica”. Por extensión, eso sería acusar al resto de la población femenina del mundo de impúdica, lo que no sería ni justo ni cierto. Pienso que no debería entenderse el velo como una meta en sí, sino como un camino hacia una espiritualidad y un modo de vida diferente (que no opuesto) del modelo capitalista-consumista-pragmático imperante. El futuro del Islam pasará por encontrar una salida a esa aparente dicotomía entre Oriente y Occidente, Modernidad e Islam. No debemos olvidar que los grandes avances de Occidente se deben al mundo musulmán que penetraron a través de al-Andalus. Así que tanto los occidentales no musulmanes que piensan que el Islam es retrógrado, como los musulmanes que creen que toda modernidad es cosa de shaytan, deberían revisar la historia[18].

Hay musulmanas que viven en perfecta armonía y coherencia el uso del velo. Para éstas, una interpretación literal del Qur’an, apoyada además en algunos ahadiz (discutibles) les parece conveniente y plausible y se sienten realizadas y felices así, porque para ellas significa seguir los preceptos de Al-lâh. Es su manera de someterse a Al-lâh y exigen el derecho a profesar su fe abiertamente. El problema clave que señalan algunas feministas musulmanas es que para que la mayoría de las mujeres quieran ser libres y exijan sus derechos, deberían ser conscientes de que justamente no son libres y de que se les priva de sus derechos ya que están condicionadas por una visión utilitarista del Islam fomentada por los hombres para perpetuar su statu quo y su necesidad de hegemonía. Lo que no se puede aceptar es que ningún país (como el intrusismo de Francia) interfiera en un cambio que se ha de llevar a cabo desde una reforma y un debate internos. Si se defiende teológicamente que el velo no tiene ningún fundamento en Islam, será mucho más fácil que cambien las actitudes.

Las musulmanas que decidimos no llevar el velo “voluntariamente” debemos luchar contra los prejuicios tanto de los musulmanes como de los no musulmanes. El camino que hemos elegido es diferente porque hemos optado por el velo interior, el que uno lleva siempre y no se puede quitar y al que hace referencia el Qur’an. Quizás ese camino sea más largo, más tortuoso, más complicado pero sin duda será sincero y con el puro convencimiento de las cosas y no una aceptación fácil de lo que no lo es. La cuestión es llegar a ese camino que nos da la certeza de Al-lâh. Es tan difícil llevar el velo para las musulmanas en Occidente, como no llevarlo cuando la mayoría de los musulmanes insisten en su obligatoriedad y Occidente les recuerda incesantemente los estereotipos sobre la mujer musulmana. ¡Irónicamente piensan que si una mujer no lleva el velo no puede ser musulmana!

Nosotros como musulmanes podemos expresar nuestro punto de vista para que cambien las cosas, para que el espíritu fundamental del Qur’an (el de justicia en el amplio sentido de la palabra) sea respetado y no sea alterado. Tanto la mujer como el hombre tienen el derecho a opinar libremente porque Al-lâh nos ha dotado de entendimiento y nos ha hecho el mejor regalo que podía ofrecernos: Al-Hurriya (la libertad) que forma parte de nuestro destino.

[1] El Qur’an,Traducción del árabe y comentarios de Muhammad Asad, Centro de documentación y Ediciones de Junta Islámica. http://www.webislam.com

[2] Idem.

[3] El Corán, Traducción de Abdel Ghany Melara Navío.

[4] Ramadan, T. Le Coran et le cœur: un dialogue (partie 1), http://oumma.com

[5] El Corán, Traducción de Abdel Ghany Melara Navío.

[6] Shaaban, B. The muted voices of women interpreters. Dossier 17, WLUML, 1997.

[7] Lamrabet, A. Féminisme islamique? http://oumma.com

[8] Nourel, A. Entretien avec le Professeur Mahmoud Azab : « Le voile n’est pas un principe fondamental de l’Islam » http://oumma.com

[9] Mernissi, F. El harén político, el Profeta y las mujeres,

http://www.webislam.com/BEI/Haren_Politico/Index_Haren_Politico.htm l

[10] El Qur’an,Traducción del árabe y comentarios de Muhammad Asad, Centro de documentación y Ediciones de Junta Islámica. http://www.webislam.com

[11] Idem.

[12] Ibidem.

[13] Sobre Mohamed Talbi.

http://www.lintelligent.com/gabarits/articleAfricain_online.asp?art_cle=LIN28123mohamiblatd0

http://www.nouvelobs.com/articles/p1965/a21426.html

[14] Hassan, R. Selección de artículos. Grenoble, WLUML, , 1986.

[15] Fragmento de un artículo de Malek Chebel, aparecido en Libération, el 8 de febrero de 1995.

[16] Ley del 15-03-2004, relativa al “uso de señales o prendas religiosas en escuelas, colegios y liceos públicos”

[17] Tamzali, W. Feministas, os escribo desde Argel:

http://www.rebelion.org/mujer/040402tamzali.htm

[18] Vernet, J. Lo que Europa debe al Islam. Barcelona, El acantilado, 1999

Reflexiones sobre el I Congreso de Feminismo Islámico

De derecha a izquierda, Ndeye Andújar, Yaratullah Monturiol y Abdennur Prado.
De derecha a izquierda, Ndeye Andújar, Yaratullah Monturiol y Abdennur Prado.

Bismillahi ar Rahmani ar Rahim

Esperaba impaciente la llegada de esas mujeres que me habían impactado tanto, cuyos estudios había leído con tanta avidez en las largas noches de invierno. Había interiorizado esas lecturas en mi lengua materna después de haber traducido algunos artículos de las ulema. Era una labor de hormiguita pero que me aportaba una gran recompensa en mi aprendizaje, en mi sira. El iftar estaba al caer, ellas también… Mientras llegaba ese momento, hablaba con Rahma de mística, de la oralidad del Qur’án y nosotras allí, en la entrada del hotel, mirando la puerta giratoria, la puerta simbólica que abriría otra: la del iÿtihad, como en un juego de espejos barroco. Con la emoción, ni siquiera nos habíamos acordado de llevarnos un dátil o algo que llevarnos a la boca, ¿pero qué mejor alimento que el sustento de esas luchas individuales, esas luchas valientes, comprometidas y desinteresadas, de esas Hayares[1] que buscaban agua en el desierto y que imploraban a Al-lâh que calmara su sed? La puerta seguía girando, la gente entraba y salía, salía y entraba.

Entonces llegaron… al llegar el iftar. Era el momento esperado. Amina, Leyla, Asma, Zaynah, Masjalizah, nombres familiares, entrañables que se hacían persona, que se volvían corazones palpitantes. Un abrazo, un saludo, una sonrisa. Habían llegado.

Cortamos el ayuno con pastas árabes en el patio del hotel. Y Yaratullah Monturiol nos avisó de que no iba a ser fácil, pero qué importaba. Sabíamos que nos enfrentábamos a muchos prejuicios, a una historia de incomprensiones, pero había llegado el momento de hablar, de subir a la palestra. Ya nadie nos prohibiría expresarnos ni nos diría cuándo debíamos hablar, ni cómo, ni de qué manera, porque ya no necesitábamos pedirle permiso a nadie. Nuestra mayoría de edad dependía sobre todo de nosotras mismas y eso era lo que íbamos a hacer: tomar la palabra.

Hicimos la salá en la mezquita del hotel. Agradecí con todas mis fuerzas a Al-lâh por haberme llevado hasta allí, pero como suele pasar con las cosas importantes de nuestras vidas, sentía una mezcla de alegría y de temor, de reconocimiento y de taqwa. Sabía que habría un antes y un después, que nada sería igual después de este congreso. Debíamos tener tawákkul, entrega y confianza total en Al-lâh, el Sustentador, nuestro Rabb. Todo estaba escrito.

Primer día: Los feminismos se expresan

Llegó pues el momento de la verdad. Yaratullah rompió el silencio milenario con la recitación del Qur’án. Al Andalus resucitó a través de su voz, uniendo pasado y presente.

Fue una jornada intensa, maratoniana. Mansur Escudero nos recordó la labor incansable de Junta Islámica que desde hace más de veinte años trabaja tratando de situar el pensamiento y práctica islámicos en la Modernidad y difundiendo que el Islam rechaza todo tipo de violencia. Recordó que no hay nada en el Qur’án o el ejemplo del Profeta (salallahu aleihi wa salam) que justifique una concepción patriarcal o machista del Islam. Pero también nos puso sobre aviso de las dificultades a las que nos enfrentábamos.

Un recuerdo inolvidable, un escalofrío atravesó nuestras venas al oír el nombre de nuestra querida hermana Sabora, hermana shahida, que se reunió con Al-lâh un mismo día como aquél hacía siete años. Con recogimiento escuchamos las palabras que pronunció Mansur Escudero: “Tengo la certeza de que su recuerdo nos acompañará durante estas jornadas, y que el testimonio de su forma de estar en el mundo, su entrega a la vida y a los demás, su sinceridad, lealtad, modestia y sabiduría, serán una inestimable referencia para todos los que nos sentimos comprometidos en lograr una sociedad más justa, más solidaria, más espiritual”.

En la conferencia marco del mediodía, Valentine Moghadam hizo una radiografía de la situación de la República Islámica de Irán y de los movimientos feministas que nacieron después de la revolución del 79. Abdennur Prado recogió el sentir de tantas voces femeninas que hasta el momento se habían expresado desde un ámbito puramente académico y pudimos deleitarnos con el mensaje de estas ulema; un trabajo de recolección loable.

En la mesa redonda de la tarde, feministas musulmanas y no musulmanas hicieron posible que el concepto de “intersticios” se hiciera realidad, esos lugares de contacto y de diálogo. Realidades híbridas y plurales. En ese espacio simbólico nadie tenía la norma; se debía construir en común.

Segundo día: Prácticas discriminatorias. Una bocanada de aire fresco: Salatul yumua

Empezó la jornada con temas duros, temas que algunos musulmanes no están dispuestos a oír, temas que aún siguen siendo tabú, pero que era necesario abordar. Las lapidaciones en Nigeria, la excisión en Mali, la discriminación racial, la situación de los saharauis… Pero no podemos seguir con la política del avestruz, escondiendo la cabeza cuando algo nos da miedo. Y en nombre del Islam, estas mujeres alzaron sus voces con valentía para denunciar que hay prácticas discriminatorias debido a las interpretaciones sesgadas e interesadas, pero nunca cuestionaron el mensaje divino del Qur’án, inabarcable e inalterable. De ahí que provoquen animadversión por parte de algunas feministas occidentales que no pueden aceptar esa dimensión espiritual, esa defensa de su iman y también el rechazo por parte de algunos musulmanes que no pueden aceptar que se cuestionen las interpretaciones milenarias porque las han divinizado y quieren tener el monopolio de la lectura del Qur’án.

Amina Wadud acaparó una gran atención. ¿Sería como me la había imaginado? Yo había seguido la noticia de salatul yumua de Nueva York del mes de marzo pasado con mucha atención y ahora tenía delante de mí a esta mujer imponente pero humilde a la vez, alta, con una voz confortante pero contundente. Desbordaba espiritualidad y sinceridad. Ahí estaba la ‘alima del siglo XXI, sí una mujer también puede serlo y sus estudios del Qur’án le llevaron a lo inevitable. Si quería ser consecuente debía llevar su estudio hasta las últimas consecuencias. Por eso afirmaba que las mujeres también podían dirigir la salá. Explicó que la primera vez que lo hizo no fue en Estados Unidos sino en Sudáfrica y que fue porque un grupo de mujeres musulmanas se lo pidió. En Nueva York se lo volvieron a pedir, Asra Nomani lideró ese movimiento de reivindicación de la presencia de las mujeres en las mezquitas, como en la época del Profeta (salallahu aleihi wa salam). Kamila Toby le pidió que dirigiera salatul yumua. Y aceptó.

Un grupo de musulmanes y musulmanas nos dipusimos a llevar a cabo nuestro deber, respetamos así el segundo pilar del Islam, ese momento íntimo entre el mumin y su Rabb. Amina hizo el jutba en árabe y en inglés, con serenidad y sabiduría. Hombres y mujeres, mujeres y hombres, musulmanes unidos en ese momento de unión trascendental, con un movimiento y una palabra al unísono. Al acabar la salá Amina saludó uno a uno a los asistentes. Recuerdo que le agradecí muchísimo su gesto porque era la segunda vez en mi vida que había podido ir a una mezquita y asistir al yumua. La primera vez fue en Senegal y tenía delante de mí una pared de cemento que nos separaba a las mujeres de los hombres. En Barcelona nunca había podido ir a la mezquita. “No hay sitio suficiente”, me decían algunos, “no hay voluntad suficiente”, pienso yo. Al despedirse me contestó: “sigue aprendiendo, es muy importante”.

Tercer día: La nubua de Maryam. Hayar. Las mezquitas también son de las mujeres

Después de tantas emociones, seguía nuestro maratón espiritual. Como una bulímica de conocimiento religioso asistí con entusiasmo y admiración a la conferencia de Leyla Bousquet y Asma Barlas sobre hermenéutica coránica. Leyla Bousquet nos explicó el interesantísimo estudio sobre la nubua (profecía) de Maryam (aleihi salam). La importancia de que una mujer pudiera serlo es incalculable. Leyla rememoró más de veinte años de trabajo teniendo siempre en mente que “cuando estudiamos el Qur’án tenemos que mezclar nuestro propio cuerpo y nuestra propia sangre en él”.

Asma Barlas presentó su método para interpretar el Qur’án, basado en el estudio de los 99 nombres de Al-lâh. Nos aportó una demostración mediante la razón y el iman de que el Qur’án no defiende el patriarcado y que en realidad nos enfrentamos al monopolio del poder interpretativo. Al-lâh es Justo, no es masculino ni es un padre y los musulmanes debemos someternos a su voluntad, no a la de los hombres. Dijo que estaba en contra de que su lectura fuera feminista por seguir el movimiento feminista sino que lo era por su lectura del Qur’án.

Por la tarde Zainah Anwar y Asra Nomani aportaron una visión de mujeres de terreno, que luchan contra las discriminaciones diarias que sufren las musulmanas. Zainah Anwar comentó la difícil situación en la que se encuentran las musulmanas en Malasia y reivindicaba la necesidad de que las mujeres formen parte del debate sobre las leyes en su país.

Por otro lado, Asra Nomani enfocó su intervención desde una perspectiva más personal. Explicó a los asistentes cómo a partir de una crisis en su iman acabó renaciendo gracias a la fuerza que le dio su hijo y a su viaje a Mecca en el que pudo hacer salá con su padre. Compartió con nosotros la fuerza de una mujer modélica, Hayar, que gracias a su paciencia y su confianza en Al-lâh consiguió dar de beber a su hijo sediento. Todo este simbolismo se lo llevó consigo a Estados Unidos e inició su lucha por tener un lugar en las mezquitas, el mismo que para los hombres y no por la puerta de atrás. El conocimiento del Islam le daba fuerzas para superar nuestros temores y seguir adelante.

Así habíamos llegado hasta el final. Los tres días habían pasado como una exhalación. Ultima cena, ultimos intercambios. Muchos proyectos y muchas ganas de trabajar por este yihad de género… Eramos conscientes de que habíamos asistido a un acontecimiento histórico. Nada sería igual a partir de entonces. Este era el destino de las nuevas pensadoras del Islam[2].

La puerta del hotel giraba sin parar, iban saliendo muchas personas, todos volvíamos a nuestra vida cotidiana. La puerta giratoria no paraba. La lucha real nos esperaba afuera; como decía Amina Wadud, “es muy fácil predicar a los convencidos”. Ahora teníamos que tomar conciencia de que debíamos superar nuestros miedos, debíamos ser fuertes. Las puertas del iÿtihad están abiertas. Alhamdulil-lâh.

Ndeye Andújar es Vicepresidenta de Junta Islámica Catalana


[1] Plural de Hayar. Se hace alusión a la historia de esta mujer que buscaba agua en el desierto para dar de beber a su hijo. Le pidió a Al-lâh corriendo entre las colinas de Safa y Marwa. El ángel Yibril descendió y abrió el pozo de Zam Zam. De aquí proviene la tradición de correr entre las dos colinas.
[2] Guiño al libro Les nouveaux penseurs de l’islam de Rachid Benzine, ed. Albin Michel.