Natalia Andújar

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“La lectura de quienes quieren prohibir el niqab es la misma que la de los fundamentalistas que validan por encima de todo su uso”

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Fuente original: Directa Autora: Mariana Cantero / @cantero_mariana

Natalia Andújar, miembro de Junta Islámica, nació en Barcelona, es feminista y musulmana. Profesora universitaria, Andújar se casó con un senegalés y adoptó su religión. Vivió en Francia durante unos diez años, donde se dedicó a la docencia; ahora ejerce como directora del Centro de Formación Educaislam y trabaja para empoderar a la mujer musulmana, intentando propiciar lecturas igualitarias del Corán y tejiendo redes que conecten y hagan más visible las diferentes realidades de las mujeres musulmanas.

¿Cómo valora la prohibición del uso del burka y el niqab en el espacio público?

No me sitúo en el plano del debate burka sí-burka no; yo me posiciono radicalmente a favor de las mujeres y de mejorar su situación. Creo que se trata de un falso debate, el de la vestimenta. Me posiciono en contra de cualquier ley que quiera legislar sobre la manera de vestir de las mujeres. Ninguna administración, ya sea autonómica o estatal, debe prohibir tanto el hecho de ponerse el pañuelo como el de quitárselo. Creo que cada mujer es libre de vestir como quiera y tomar decisiones, al margen de que haya sectores que puedan no estar de acuerdo. Si realmente el debate se plantea desde una visión feminista de que no debe haber  prendas que opriman a las mujeres, o que sean un reflejo de una mentalidad machista radical, entonces debería hacerse extensivo a toda la ropa. De hecho yo no he visto a ninguna mujer en España que utilice el niqab. Y menos aún el burka, que es un traje tradicional que podemos afirmar que se ha modernizado con los talibanes, pero que es parte del folklore tradicional que no tiene nada que ver con el islam en sí. Si  planteamos un debate a fondo sobre hasta qué punto la vestimenta y la imagen son un reflejo de la sociedad patriarcal, tenemos que ampliar el debate y valorar también las minifaldas, los tacones, los escotes, el pañuelo, las cirugías estéticas, las dietas, la anorexia y la bulimia. Se puede valorar todo esto, pero también entiendo que el debate debe ser en sentido laico, porque una visión feminista debe ser laica en un sentido inclusivo. Como feministas tampoco podemos afirmar de manera radical que un niqab o una minifalda son prendas machitas; dependerá del uso y la simbología de le dé cada usuaria.

El discurso mayoritario establece que las mujeres no quieren llevar el burka o niqab, las cosifica al argumentar que se las obliga…

Si nos preocupamos por preguntar por qué hay mujeres que llevan el niqab, si hablamos de la inmensa mayoría, de España y Europa (no hablo de Irán, Afganistán o Arabia Saudí), que es lo que nos afecta  a nivel legal, ya que hablamos de leyes que se debaten aquí, me consta que hay estudios estadísticos en Francia e Inglaterra que han registrado un aumento del uso del pañuelo integral por razones políticas. Es decir, que a partir de la aplicación de una serie de leyes que prohíbe su uso en estos países, ha habido una reacción más favorable entre las mujeres musulmanas al uso de este tipo de vestimenta. Por eso digo que es un uso político, porque son mujeres que se quieren enfrentar a un Estado que les quiere decir de manera impositiva cómo se deben vestir. Se registra un aumento exponencial ante las leyes de prohibición; antes había menos niqabs, es una reacción. Estas mismas estadísticas registran un alto porcentaje de mujeres conversas, que no han ‘importado’ una manera de vestir típica de sus países de origen, sino que son francesas jóvenes y solteras, sin un marido que las tutele, que deciden hacerlo. Para una mujer occidental, digamos, llevar este tipo de vestimenta es una decisión radical, porque los pañuelos integrales son muy rompedores en ese sentido, no solo porque impiden una comunicación normal, sino porque también son una barrera. Debemos profundizar, pero pueden entrar en juego cuestiones psicológicas, de desconexión con la familia, de pertenencia a un grupo, a una determinada tribu urbana… es un tema muy complejo y no se puede simplificar diciendo que son mujeres sumisas. No niego que no haya mujeres a las que se les obliga, pero eso también pasa en determinados trabajos en los que tienes que llevar falda o escote porque tienes que vender una imagen. O sea, hay  situaciones en las que la sociedad te obliga a hacer ciertas cosas, pero el debate debería centrarse en el problema de la ley. No podemos decirles a las mujeres cómo deben vestirse, y además tenemos que pensar si eso les beneficiará o les perjudicará.

Hay quien dice que la implementación de la ley condena a ciertas mujeres a vivir en el espacio privado…

Pienso que, por mi experiencia al haber vivido en Francia, que sí, que (la ley) perjudicará a ciertas mujeres, porque incluso desde el punto de vista del discurso paternalista que las victimiza, lo peor que se puede hacer es castigarlas a volver al ámbito privado de su casa. Si estamos en contra de la opresión de las mujeres, de que sean sumisas, entonces no debemos castigarlas, no debemos decirles ‘quedaos en casa porque si salís a la calle os pondrán una multa’. No se abren puertas así, sino que se cierra la salida al exterior. Creo que, antes de llegar a este extremo, porque debe ser muy duro recibir este mensaje de la sociedad, el enfoque correcto es de la pedagogía, llevar a cabo campañas de sensibilización, intentar desmontar la idea de que el niqab es un pilar del islam, porque no lo es, no es una vestimenta religiosa. Hay un consenso dentro del islam en que no hay ninguna obligación de que las mujeres se cubran la cara y esto se debe comunicar. También se debe tener en cuenta a los miembros de las comunidades musulmanas en esta tarea, es un trabajo a largo plazo y pedagógico. La ley es contraproducente, también, no solo porque propicia la desconexión del espacio público, sino porque supone poner obstáculos a la vida cotidiana de las mujeres, para que trabajen, lleven a los niños a la escuela, etc.

También hay quien dice que en el fondo el objetivo es asimilar otras culturas e invisibilizarlas. Al fin y al cabo, motivos políticos..

Sí, a mí me han llegado comentarios a favor de la prohibición que me han hecho pensar que la última preocupación de los que apoyan este tipo de leyes es la situación de las mujeres. Es intolerable. Tienen como una especie de fobia visceral a la prenda en sí, pero no se preguntan qué piensan las mujeres que la llevan, ni siquiera han hablado con ellas. Hablan en su nombre. Salvando las distancias, es como ese discurso misógino que dice que si llevas minifalda te pueden violar, porque provocas. Supone no tener ningún tipo de conocimiento del otro, pensar que si llevas una prenda eres de una manera y te pasan ciertas cosas. ¿Y en nombre del islam? ¿Quién es el islam? Yo no lo conozco, conozco a señores que son musulmanes machistas, así como a católicos machistas. La lectura de los que quieren prohibir el niqab es la misma que la de los fundamentalistas que validan por encima de todo su uso. Lo que tenemos que hacer es tener en cuenta lo que piensa la inmensa mayoría de musulmanes. Pero lo que pasa es que este tipo de leyes acaba teniendo mucho eco mediático y genera un debate que antes no existía. No hay ninguna campaña previa de comunidades musulmanas en Europa que defiendan su derecho a llevar el niqab. Nunca había existido, porque no es una prioridad, ni un dogma, ni un pilar del islam. Esta defensa,  que causa que surjan detractores y defensores radicales, se genera cuando se establecen leyes coercitivas. Es el efecto espejo.

El argumento de la liberación de la mujer también se ha utilizado para cometer actos colonialistas…

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Sí. Por ejemplo Francia, en la guerra de independencia de Argelia, llevó a cabo unas puestas en escena de desvelamientos públicos. Eran como escenificaciones que se hacían en medio de una plaza. Los militares cogieron a nativas y les quitaron el pañuelo con el argumento de que así se quitaban de encima la opresión del islam. Pero eso implicaba, para las argelinas, o emanciparse según unos parámetros occidentales o defender la propia tierra, el símbolo de la tradición. Con lo cual hablamos de un uso político del pañuelo: era una manera de rebelarse, de decirle al opresor [al ejército francés], al colonizador, que las mujeres resistían. Esta lectura de la mujer musulmana como sumisa, se debería contextualizar entonces; no es que no haya, sino que el tema es mucho más complejo.

¿En qué países musulmanes podemos decir que la mujer está oprimida?

Por ley se obliga a las mujeres a vestir con niqab en Arabia Saudí e Irán. En Afganistán, a pesar de que el uso del burka se ha relajado después de la invasión norteamericana, siguen llevándolo para protegerse. En el resto del mundo, en África, Asia, el sudeste asiático, en ningún país se obliga por ley a usar el pañuelo. Se habla de la reciprocidad sobre abrir locales de culto, se dice que si no se construyen iglesias en los países musulmanes, por qué aquí tenemos que construir mezquitas. Pero los derechos fundamentales introducidos en la Constitución no se pueden negociar de esta manera. ¿Cómo podemos exigir que en estos tres países no se obligue a usar un pañuelo integral si aquí obligamos a que no lo lleven?

Sin embargo este discurso muchas veces es electoralista…

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Sí, la prohibición se esconde bajo una ley por supuestos motivos de seguridad, porque no pueden decir que es por motivos religiosos porque atentaría contra la Constitución. Con el argumento de que no forma parte de nuestra tradición tampoco, porque hay fotos de la Semana Santa a finales de los ’50 en Barcelona con penitentes completamente veladas. Entonces, queda el tema de la seguridad; pero el debate no se hace en relación a los motoristas que utilizan pasamontañas en invierno o a las fuerzas de seguridad que no se identifican cuando están agrediendo a la población civil en las manifestaciones. De hecho, en Francia se ha implementado esta ley con excepciones: por razones profesionales (bomberos, médicos) si es una expresión tradicional o cultural (carnaval, penitentes de Semana Santa) o por cuestiones de salud (mascarillas) y al final únicamente son unas pocas musulmanas las que no se pueden tapar la cara. No tengo ninguna duda de que en Catalunya saldrán muchas excepciones. Hay una tendencia islamófoba, porque quienes quieren prohibir el niqab ni siquiera quieren defender a las mujeres. No todas las musulmanas son sumisas, hay muchas universitarias, pero los problemas se visualizan cuando aparece un pañuelo en un barrio periférico. Esa gente se preocupa por que lo que ellos identifican como “islam” no aparezca de ninguna manera representado en el espacio público, no por las mujeres.

¿Cómo se puede empoderar a la mujer musulmana en nuestras sociedades?

Creyendo más en ella, abriendo debates horizontales, dándole una mayor visibilidad, mostrando mujeres en los medios que rompan los estereotipos, debemos creer más en la potencialidad de las propias mujeres. Se debe mostrar la pluralidad y creer que son ellas mismas quienes pueden dar las respuestas más adecuadas a su realidad. Si llevamos a cabo iniciativas en las que la propia comunidad a la que nos dirigimos no está incluida, entonces no se involucrarán. Creo que se deben reforzar las alianzas y las redes, caminar juntas,musulmanas y no musulmanas. De hecho, en la gran familia feminista se expulsan a menudo a las musulmanas. Por lo que la inclusión es muy importante, más allá de los dogmas, incluso los feministas.

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Autor: Natalia Andújar

Profesora y activista.

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