Natalia Andújar

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Nos quieren en casa y calladas

“¿Pero no sois bonitas? ¡Quitaos el velo!” Póster colonial alentando a las mujeres musulmanas argelinas a desvelarse (1958).

 

La siguiente frase, que escribí hace unos días en mi página de Facebook, no le ha gustado nada a Imane Rachidi, autora del artículo “Musulmanas por exotismo”[1].

En él, la autora lleva a cabo una cruzada aleccionadora contra las “señoras conversas al islam”, que “abren la boca” “desde el sofá de sus casas”. Las amonesta (nos amonesta) por ser “un auténtico peligro para la lucha de las libertades y dignidad de las mujeres. Todas”.

La señora Rachidi no tiene la valentía de nombrarme directamente, solo soy “una de estas conversas”.

El principal problema que plantea su réplica es la conclusión superficial y perversa que saca al descontextualizar la cita y no tener en cuenta el conjunto de cuestiones que implican.

Mi crítica se centra en la instrumentalización de la cuestión del islam y de las mujeres por parte de los sectores islamófobos. Tiene que ver con mi recorrido personal como activista, en el que me he enfrentado cientos de veces a la acusación de que las personas musulmanas somos misóginas porque, entre otras cosas, “prohibimos a las mujeres saudíes que conduzcan”.

Lo que pongo de relieve es la instrumentalización del feminismo con fines racistas y la selección de temas polémicos en Occidente, sobredimensionados y tratados de forma plana y unilateral.

No necesito que Rachidi me diga qué es legítimo cuestionar y qué no. O que me diga que solo se puede denunciar el racismo si, y solo si, previamente has condenado el machismo de “esos países”.

Inferir en ello que apoyo a un régimen reaccionario, aliado de EEUU e Israel, significa que no ha entendido nada de lo que está en juego.

Más allá del tono innecesariamente despectivo e irrespetuoso que recorre el texto y de lo problemático que es utilizar la etiqueta “conversas al islam”, como un todo homogéneo, me interesa centrarme en cinco cuestiones que aborda de forma apresurada y, a mi modo de ver, errónea, utilizando mi cita como coartada.

  • El debate sobre la legitimidad.

La base de la argumentación de Rachidi es que “esas señoras conversas” no tienen legitimidad para hablar sobre cuestiones relacionadas con el islam y el género por varios motivos:

  • Tienen una posición privilegiada.
  • Viven en contextos libres de opresión.
  • No conocen las realidades opresoras de las que hablan y no han sufrido las consecuencias en su propia piel.
  • No están implicadas en las luchas de liberación de las mujeres musulmanas que viven en países de mayoría musulmana.
  • Son cómplices de las políticas opresoras contra las mujeres.
  • Su conversión al islam es por mero exotismo.

No me consta que la autora que lleva a cabo la crítica lo haga después de una jornada extenuante en un campo de fresas de Almería o limpiando las casas de las señoras burguesas. Entre otras cosas, porque dudo mucho de que tuviera tiempo o energías para hacerlo.

Es obvio que quienes escribimos tenemos una posición privilegiada, de la que ella misma goza. Su legitimidad la basa únicamente en su condición de marroquí que es lo que, según ella, le permite ser automáticamente una “voz autorizada”.

Tiene razón en que soy una privilegiada por tener una nacionalidad europea al igual que mis hijas. Somos sujetos políticos privilegiados. Cuando sean mayores podrán votar, podrán presentarse a una oposición, no les afecta directamente las leyes de extranjería ni las políticas de inmigración. Pero hay una gran diferencia entre ellas y yo: ellas son negras y son percibidas y tratadas como negras, no como europeas.

Yo puedo ocultar mi condición de musulmana para protegerme de la islamofobia, hacerme invisible, callarme, aceptar las injusticias sin rechistar. O incluso podría negar su negritud y querer convertirlas en blancas a toda costa. Pero eso no cambiaría el hecho de que ellas no pueden ocultar su piel ni su apellido.

Mi lucha tiene que ver con todo ello y no con frivolizar sobre estos temas desde un cómodo “sofá de mi casa”.

El otro privilegio al que hace alusión es porque vivimos en una España “libre, moderna y democrática”. Afirmar eso en pleno procés de Catalunya es, cuanto menos, de una ceguera y demagogia impresionantes.

Como ya escribiera hace unos años, respondiendo a una acusación similar, “nos acusa de ser unas privilegiadas ya que vivimos en un mundo civilizado, en el que no existen las discriminaciones contra las mujeres, en el que todas son respetadas por sus pacíficos maridos, en el que todas ganan el mismo sueldo que sus colegas masculinos, en el que todas son feministas blancas burguesas frente a las pobres mujeres que se han quedado «allí», sometidas a la barbarie de los hombres fanáticos [y de sus regímenes despóticos]”[2].

No solo es problemático aceptar esa visión idílica de Occidente y maléfica de Oriente, por su obvia falsedad, sino que además invisibiliza las luchas y resistencias de las mujeres que viven en esos países, cuya legitimidad está condicionada, según Rachidi, por la aceptación de un feminismo universal y universalizador, liberador de los peores males imaginables. No denuncia en ningún momento cómo las invasiones y la destrucción de esos mismos países, por parte de Occidente, han reforzado el patriarcado.

Pero en algo tiene razón. Somos unos privilegiados. No por los privilegios que nos adjudica sino porque aquí “solo” mueren cientos de personas debido al racismo y el terrorismo. Allí mueren millones debido a las guerras promovidas por Occidente y a una de sus principales consecuencias: el terrorismo.

Tal y como afirma de forma lúcida Sirin Adlbi: “La cuestión determinante es […] que cuando los diferentes discursos, proyectos y agendas de las mujeres musulmanas utilizan unos términos y lenguajes binomiales, dicotómicos, muy concretos para moverse y ubicarse de diferentes modos entre las diferentes perspectivas y su lucha por acaparar la mayor legitimidad (con los  privilegios y beneficios que esta conlleva), de una manera muy compleja están insertándose en las dinámicas coloniales de producción indefinida y refuerzo de las jerarquías y subalternidades en el sistema-mundo moderno/colonial”[3].

En el debate sobre la producción académico-activista es importante identificar cuál es su objetivo. A nadie se le escapa que hay quienes la usan únicamente como promoción personal. Pero ese uso interesado no tiene una relación causal con la conversión al islam.

Por lo mismo, no podemos concluir que por el mero hecho de ser “musulmanas de nacimiento” no se vaya a hacer un uso interesado o, incluso, que no se vaya a utilizar ese privilegio para reforzar la islamofobia y el racismo.

La producción académico-activista debe tener como objetivo cambiar este sistema racista opresor. Si no repercute en un cambio radical, desde un punto de  vista político y social, no es una producción legítima sino contraproducente.

  • El debate sobre el feminismo.

Otro aspecto que Rachidi nos reprocha a “esas señoras conversas al islam” es que hayamos recibido la noticia de la autorización para conducir para las saudíes con cierta ingenuidad, al pensar que ya podemos darnos por satisfechas, ocultando así la realidad de un régimen opresor.

Eso muestra hasta qué punto ha leído mi cita de manera descontextualizada, ya que justo después, publiqué también en mi muro de Facebook, el siguiente comentario, que ha omitido en su crítica:

“El voto de las saudíes: simple lavado de imagen o reformas estructurales”[4]

Y al día siguiente, este otro comentario.

Está claro que Rachidi no ha leído ni una sola línea de lo que he escrito y simplemente ha seleccionado una cita de forma oportunista para construir un discurso acerca de “esas señoras conversas al islam” quintacolumnistas, cómplices de los regímenes opresores, que son un “auténtico peligro para todas”, y difusoras de “propaganda dañina”.

Pero vayamos al meollo de la cuestión. ¿En qué se diferencia nuestra visión respecto al feminismo? ¿Qué papel desempeña el feminismo hegemónico para las mujeres musulmanas?

Mi visión tiene que ver con mi experiencia como musulmana, en un contexto en el que las personas musulmanas somos una minoría.

Rachidi defiende el programa liberador del feminismo universal laico que debe ser exportado a los países de mayoría musulmana, dentro de un proyecto global civilizatorio.

En cambio, yo me sitúo dentro de la línea de lo que denuncian Félix Boggio Éwanjé-Epée y Stella Magliani-Belkacem. El feminismo hegemónico no solo está instrumentalizado con fines racistas, sino que se da una “coincidencia de intereses entre ese feminismo y el poder racial”[5].

Tengo una deuda con muchas mujeres académicas y activistas que me han ayudado a encauzar mis prioridades y la manera de abordarlas, tanto en el ámbito social como político. Saba Mahmood, Gayatri Chakravorty Spivak, Leila Ahmed, Lila Abu-Lughod, Chandra Talpade Mohanty, Sirin Adlbi Sibai, Saadiya Shaikh, entre otras muchas voces anticoloniales y decoloniales que han denunciado la instrumentalización del feminismo occidental y las nefastas consecuencias para las mujeres no blancas.

Por poner un ejemplo, Saba Mahmood y Charles Hirschkind denuncian el doble rasero de las feministas norteamericanas hegemónica que alzaron la voz contra los talibanes y aplaudieron la guerra contra “el terror” llevada a cabo por el gobierno de EEUU en Afganistán pero que callaron sobre el embargo norteamericano y las consecuencias de la guerra, que provocaron más muertes de niños y mujeres que en toda la era talibán[6].

No hace falta irse tan lejos para constatar que el doble rasero persiste. Durante este verano ha habido una intensa campaña mediática en apoyo a Juana Rivas pero no hemos visto movilizaciones de feministas para denunciar las muertes de las porteadoras del Tarajal ni de las siete mujeres asesinadas por una “devolución en caliente” cerca de Melilla.

El feminismo laico universal, defendido por Rachidi, calla.

  • El debate sobre el lugar que debe ocupar la religión y el debate sobre la islamofobia.

También afirma que “cada cual le reza a quien quiera y a lo que quiera, en su casa y sin hacer pedagogía de ello porque en eso debería consistir esto de la religión, si queremos vivir en paz”.

Según su argumentación, la condición para vivir en paz es relegar la práctica de la religión al ámbito privado. Hacerse invisibles, renegar de nuestras tradiciones y esconderlas. De esa forma, se pretende desactivar la dimensión social del islam y su lucha por la justicia.

Al mismo tiempo, se pretende que abdiquemos sin mostrar resistencia frente al proyecto neocolonial civilizatorio. El único camino viable para los musulmanes es no parecerlo para, en última instancia, dejar de serlo. Está claro que nos quiere en casa y calladas.

Rachidi afirma de forma demagógica que “Por usar una talla 40 nadie te va a lapidar en España”, por lo que no podemos equiparar unas opresiones con otras. Y la diferencia, según ella, radica en que una cosa es una opresión social y otra una opresión legal.

Las políticas de inmigración que matan a miles de personas son legales. Los CIE son legales. La venta de armas es legal. El pacto nacional contra el terrorismo, que criminaliza al conjunto de la comunidad musulmana, es legal. Pero aquí no sufrimos opresiones.

Efectivamente, denunciar las opresiones y los regímenes despóticos no la convierte en una “renegada o racista”, como la llaman. La cuestión es que, al identificarlas como unas prácticas bárbaras avaladas legalmente por esos regímenes, hace un análisis superficial al ocultar las cuestiones de fondo que he evocado anteriormente.

Por otro lado, tampoco es consciente de que su propio discurso es cooptado por sectores islamófobos, que encuentran la legitimidad de su racismo en el hecho de que “eso no lo dicen ellos, sino que lo dice una mujer marroquí”.

  • El debate sobre la modernidad.

“¿Acaso [Arabia Saudí] es ahora un país moderno?” Se pregunta, lamentándose, Rachidi. Ni siquiera se plantea la posibilidad de que el problema radique, justamente, en la propia modernidad.

En el libro colectivo Penser l’envers obscur de la modernité. Une anthologie de la pensée décoloniale latino-américaine, un grupo de investigadores pone de relieve “la dimensión intrínsecamente colonial de la modernidad occidental: las diferentes formas de violencias imperiales no constituyen en ningún caso las consecuencias indirectas de una modernidad globalmente liberadora, sino uno de los aspectos fundamentales de una configuración específica de poder que alía, en un mismo movimiento, retórica emancipadora y lógica represiva”[7].

Una modernidad que arrasa países en nombre de la “democracia”. Una modernidad que destruye ecosistemas, con el único fin de cubrir la demanda consumista capitalista. Una modernidad que vampiriza a los pueblos y utiliza sus conocimientos para su propio beneficio. Es muy cool leer a Rumi y usar sus citas, sin tener que mencionar para nada su relación con el islam.

Rachidi calla igualmente sobre el papel de las élites laicas conservadoras de los países de mayoría musulmana, preocupadas ante todo por bloquear el acceso al poder.

En definitiva, el discurso de Rachidi es un discurso típicamente moderno/colonial, feminista laico hegemónico y, por lo tanto, cómplice del racismo estructural que existe en Europa.

 

__________________

[1] Rachidi, I. “Musulmanas por exotismo”. M’Sur 29/09/2017 http://msur.es/2017/09/29/rachidi-musulmanas-exotismo/2/

[2] Andujar, N. “De una feminista islámica a una feminista laica”. Webislam, 25/02/2011 https://www.webislam.com/articulos/60894-de_una_feminista_islamica_a_una_feminista_laica.html

[3] Adlbi Sibai, S. La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento islámico decolonial. Madrid, Akal, 2016. p. 123

[4] Andújar, N. “ El voto de las mujeres saudíes: simple lavado de imagen o verdaderas reformas estructurales” Blog personal, 10/10/2011  https://nataliaandujar.wordpress.com/2012/05/27/el-voto-de-las-mujeres-saudies-simple-lavado-de-imagen-o-verdaderas-reformas-estructurales/

[5] Boggio Éwanjé-Epée,F.; Magliani-Belkacem, S. Les féministes blanches et l’empire. Paris, La fabrique éditions, 2012.

[6] Hirschkind, Ch.; Mahmood, S. “Feminism, the Taliban, and Politics of Counter-Insurgency”.

[7] AAVV. Penser l’envers obscur de la modernité. Une anthologie de la pensée décoloniale latino-américaine. Limoges, PULIM, 2014

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Asimilar a través de las mujeres (1/2)

Visión maniquea y colonial de las mujeres afganas.

Integrar, incluir, invisibilizar, silenciar, adaptar, reformar, transformar a imagen y semejanza; en definitiva, las consignas que deben seguir las personas musulmanas (una vez que caen las máscaras de los eufemismos) tienen que ver con la asimilación, según un modelo social establecido de antemano, un modelo racista, discriminatorio, injusto. Un modelo blanco, laicista beligerante, al servicio de los grandes capitales, que castiga a la comunidad musulmana, si no acepta las condiciones impuestas unilateralmente. ¡Tengamos todos muy claro quién manda! Las herramientas del chantaje son las políticas del miedo, la represión, la opresión y el racismo, que campan a sus anchas con total impunidad.

No se trata solo de la complicidad del Estado o de que haga la vista gorda, sino que son discriminaciones estructurales, por lo que es imposible combatirlas desde esa misma estructura. Un Estado que agita los miedos más primarios de la población, para aparecer después como garante de la paz social, es un Estado cínico.

Según la tesis asimilacionista, existen dos posturas antagónicas, que en realidad se refuerzan entre sí, ya que ninguna cuestiona el concepto de “integración”. Hay quienes creen que las personas musulmanas no se pueden integrar y hay quienes piensan que hay que trabajar para lograr su integración.

Para estos últimos, los “buenos musulmanes” deben trabajar con sus aliados “naturales”, esto es, con los movimientos feministas y de izquierdas, que desean su “integración”, “normalización” y “liberación del yugo de la religión/patriarcado”.

Las premisas para lograrlo pasan por que las personas musulmanas sean invisibles; no visibilicen su práctica religiosa; corten con sus raíces y con su comunidad; no hablen árabe; denuncien a los potenciales terroristas dentro de su comunidad y acepten una cosmovisión ajena al islam.

Quienes no aceptan estas exigencias, pasan a ser, evidentemente, “malos musulmanes”. Y a la inversa, se premia a los musulmanes informantes, feministas, antifascistas, y asimilados, por ser útiles para los programas de normalización o, según la jerga decolonial, para los programas de blanqueamiento.

El papel que les asignan a las musulmanas en este programa es fundamental. En el imaginario colectivo, los hombres musulmanes son violentos y las mujeres musulmanas son sumisas a las que hay que liberar. El leitmotiv feminista mayoritario es: “Os vamos a ayudar a empoderaros para que podáis dejar vuestra religión machista”.

¿Por qué las estrategias asimilacionistas se centran especialmente en las mujeres? Porque para el feminismo institucional, hablar en nombre de todas supone obtener unos beneficios políticos. Desde esas estrategias racistas, se concibe a las mujeres musulmanas como seres más influenciables pero a la vez paradójicamente pueden influir en su comunidad ya que desempeñan el papel de educadoras y son, además,  necesarias como modelos “positivos”.

En ese contexto, el uso del hiyab se convierte en muchos casos en una forma de resistencia. Cómo es que si son sumisas e influenciables, no quieren desvelarse, a pesar de que disponen de un marco legal y de un discurso machacón que no solo lo posibilita sino que lo alienta. Lo que le molesta al feminismo institucional no es el hiyab en sí, sino el rechazo de las musulmanas hacia uno de los pilares básicos de los programas de normalización, esto es, el desvelamiento. Para ciertas feministas, es menos ofensivo pensar que es porque a las pobres ignorantes les han lavado el cerebro que aceptar que les digan a la cara “no me da la gana de que me utilices”.

Por otro lado, en las recientes manifestaciones públicas post 17A, se han hecho virales unas imágenes de mujeres musulmanas con hiyab, que se han enfrentado a los terroristas y a los fascistas. Sin embargo, es necesario estar alerta sobre la instrumentalización y apropiación de ciertas figuras que se han hecho mediáticas, ocultando de esta forma la islamofobia y el racismo que atraviesa todo el espectro político, incluida la izquierda, y no únicamente el fascismo y el terrorismo.

Tal y como escribí en un artículo anterior:  “entre las izquierdas y los feminismos más inclusivos, hay sectores que piensan que, en un contexto de mayoría musulmana, es hasta cierto punto lógico que se utilice un feminismo “religioso” como estrategia, debido al poco margen de maniobra del que disponen las mujeres y, en todo caso, piensan, como afirma el filósofo Santiago Alba Rico, que “han de superar el islam desde el interior del islam” o, más concretamente, que “liberar a la mujer desde el islam puede ayudar inesperadamente a liberarse también del islam”[1]. Sin embargo, no lo ven pertinente en un contexto “laico” como el europeo, ya que ya están “liberadas” del islam”. En ese empeño por emancipar y normalizar a la comunidad musulmana hay un objetivo claro: “lo deseable es que lleguen a ser como nosotros”, aunque ese proceso les lleve su tiempo.

La estrategia pseudofeminista según la cual el “islam español (o europeo, o catalán) pasará por las mujeres” o, dicho de otra manera, la asimilación se llevará a cabo a través de las mujeres, invisibiliza el hecho de que el feminismo “liberador” está alimentando la islamofobia. En este contexto de discriminación y de estigmatización de la comunidad musulmana, cualquier denuncia de las opresiones por parte de las mujeres musulmanas está instrumentalizada con fines racistas.

[1] Andújar, N. « Per un feminisme islàmic ». El Crític, 22 de agosto de 2017 https://www.elcritic.cat/blogs/sentitcritic/2017/08/07/per-un-feminisme-islamic/


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Por qué el Estado no debe legislar sobre nuestros cuerpos. Breve argumentario

Este argumentario surge de la necesidad de disponer de weallcandoituna serie de ideas fuerza cuando nos tenemos que enfrentar diariamente a la presión mediática, política y social, cuyo objetivo es controlar nuestros cuerpos, a través de la aprobación de medidas legales prohibicionistas.

Por qué el Estado no debe legislar sobre nuestros cuerpos. Breve argumentario

  • Se trata de un debate importado de Francia. Francia es laica, España es aconfesional. La Constitución española reconoce teóricamente a todas las religiones en el espacio público y no hay ninguna religión de Estado.
  • No hay que entrar en el debate sobre el derecho a la libertad religiosa, sino derecho a la propia imagen. Ni aceptamos que las instituciones religiosas impongan su visión a las mujeres, ni tampoco las instituciones públicas españolas ni los medios de comunicación.
  • El debate del burkini es un falso debate. Lo que está en juego no es el bienestar o la liberación de las “pobres mujeres musulmanas” sino que lo que subyace es el modelo de sociedad que queremos y el papel que debe jugar la religión en ese modelo ideal. El Islam no es una religión sino una forma de vida. ¿Queremos una sociedad excluyente, en la que impere un monolitismo cultural o queremos una sociedad abierta, plural y respetuosa de la diversidad, entendida como una riqueza y no como un lastre? Para argumentar a favor o en contra siempre se utiliza la situación de las mujeres como paradigma de la violencia de las religiones. Las mujeres nos encontramos secuestradas en medio de una batalla ideológica en la que las fuerzas de poder que se oponen intentan controlar nuestros cuerpos. La realidad nos muestra que el modelo francés laicista excluyente ha fracasado.
  • Hay un desplazamiento ideológico progresivo: primero se prohíbe el hiyab en la escuela pública, luego el niqab y ahora se quiere prohibir el burkini en las playas. Ayer fue multada en Niza una mujer que estaba en la playa vestida y con hiyab, y que no se iba a bañar. El alcalde de Niza ha declarado que los signos ostensibles no son bienvenidos en la ciudad. La prohibición del derecho a la propia imagen se extiende y se normaliza. No podemos dejar que esto pase en España.
  • Cierto sector de las izquierdas y del feminismo oficial piensa que hay un dilema entre la lucha antiracista y la lucha antisexista. Esto no es cierto. Las mujeres están atravesadas por múltiples discriminaciones y violencias: de género, de clase, raza, religión etc. No podemos obviar la conexión que hay entre todas en detrimento de una sola.
  • La exigencia de prohibir el burkini no surge de la propia comunidad de mujeres musulmanas ni desde un posicionamiento consensuado de las feministas. Surge de las instituciones francesas, en un contexto de estado de emergencia en el que se están vulnerando derechos fundamentales de la sociedad civil. El burkini casi es lo de menos. Todos los informes europeos indican que se están vulnerando los DDHH.
  • Hay un problema terminológico-ideológico: el burkini no es el burka ni el hiyab, pero la raíz de este neologismo nos lleva a confusión y nos remite al imaginario de la mujer afgana encarcelada en un burka.
  • Hay que pensar siempre que salen estas noticias, en qué momento surgen y a quién beneficia. En el contexto actual está claro que estas medidas punitivas favorecen a la extrema derecha y a la derechización de todo el espectro político. Aquí las izquierdas plurales tienen mucho que decir si no quieren que la extrema derecha/derecha, instrumentalice las reivindicaciones típicas del feminismo (que las mujeres tengan el control de sus cuerpos).
  • Se trata de una cortina de humo. Mientras que los velos y burkinis se han convertido en el tema del verano, no denunciamos lo realmente preocupante: las políticas migratorias criminales de los Estados europeos, el Brexit, la constante vulneración de los derechos humanos, el desmantelamiento del Estado de bienestar, las políticas capitalistas salvajes, la crisis de valores en Europa, etc. Pero a las musulmanas solo las llaman en los medios de comunicación para que hablen de su vestimenta.
  • Otra cuestión importante es si queremos que las instituciones públicas tengan competencias para decidir cómo deben vestir las mujeres y la población civil en general. Argumentos que se utilizan para legislar:
    1. Se alude al tema de la seguridad. Este argumento es insostenible: ¿no es seguro un traje de neopreno de un winsurfista? ¿Y los nadadores profesionales, y los niños con alergias? ¿Y las personas que son intolerantes al sol?
    2. Los signos religiosos no son bienvenidos en el espacio público. Entonces en España habría que prohibir todos los signos religiosos: las cruces, las sotanas, etc.
    3. Otro argumento: es un símbolo de la opresión de las mujeres. Sorprende que desde cierto sector del feminismo se tenga una mirada esencialista de las prendas (igual que los sectores más reaccionarios del Islam), esto es, que no se tenga en cuenta el contexto histórico, geográfico. Como feministas, la mirada debe ser laica.
    4. Otro argumento: No es una vestimenta de “aquí”. Esto, por supuesto, no puede ser motivo para legislar en contra de un determinado tipo de vestimenta. Jurídicamente no se sostiene.

 

 

 

 

 


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¿Es el etnocentrismo malo para las mujeres?

weallcandoitFuente: Pikara Magazine – Natalia Andújar

En un contexto convulso; en plena ebullición y transformación de los movimientos feministas, nos encontramos con interminables debates, fracturas internas y agendas encontradas, en el que el feminismo hegemónico lucha por mantener su hegemonía, utilizando parte del argumentario y de las estrategias patriarcales, desacreditando a los feminismos disidentes y presentándose como única voz autorizada.

Se trata de un feminismo dogmático, en un contexto de lucha de autoridad. Celia Amorós se erige en una de las voces autorizadas por la academia feminista para la que “el multiculturalismo radical que postulan “los feminismos de mujeres de color” estadounidenses y que tiene una influencia significativa en espacios intelectuales y políticos latinoamericanos (…) parte de una oposición entre feminismos blancos burgueses y feminismos de color. Y esta división del feminismo no deja de ofrecer problemas, porque sugiere la existencia de un feminismo que es legítimo y otro que no lo es”[1].

Es realmente cínico que sea la propia élite, esto es, aquella que mantiene un control férreo sobre la producción feminista, que tiene el monopolio de la prensa mainstream y de la academia, y que invisibiliza a los feminismos disidentes y decoloniales, la que acuse a estos últimos de establecer una distinción sobre lo que es legítimo y lo que no, dentro del feminismo.

Sorprende que gasten más energías en desacreditar a otras feministas, en decirles cómo deben vestirse, en recriminarles que no sigan su agenda interesada; en lugar de solidarizarse con sus luchas y con las discriminaciones múltiples que sufren.

El eslogan “¡solidaridad con las mujeres del tercer mundo!” no puede esconder una actitud paternalista, ni caritativa sino que se deben establecer unas relaciones solidarias y colaborativas horizontales, en las que haya reciprocidad, igualdad de trato, respeto y dignidad para todas.

Este feminismo hegemónico presenta falsos dilemas al enfrentar el feminismo y el multiculturalismo cultural; la lucha antisexista y la lucha antirracista. ¿Qué pasaría si las feministas no blancas exigieran a las blancas que renegaran de su cultura por ser machista? ¿Qué cultura deberían adoptar entonces las blancas? ¿Por qué las no blancas tendrían derecho a decirles a las blancas que imitaran su cultura? ¿Con qué autoridad podrían hacerlo? Entiéndase “blancas” y “no blancas”, no como un concepto racial sino un constructo social.

En 1999 Susan Moller Okin publicó el texto “¿Es el multiculturalismo malo para las mujeres?”, en el que ponía sobre la mesa este supuesto dilema. Azizah al Hibri, filósofa y profesora musulmana le replicó con otro texto “¿Es el feminismo occidental patriarcal bueno para las mujeres del tercer mundo?”[2]

La primera fuente de controversia reside en que Okin se basa en una visión del otro sobre la base de estereotipos y generalizaciones. Como afirma Al Hibri “su comprensión de otras culturas/religiones se deriva de fuentes secundarias de fuera de esas culturas/religiones. La segunda fuente de controversia reside en que la posición de Okin convierte en antagonistas a la justicia de género y a la justicia etnocultural”.[3]

Por otro lado, no se trata solamente de un tipo de feminismo instrumentalizado por parte de todo el espectro político, y en especial, de los movimientos de extrema derecha (parecería que esta instrumentalización es totalmente ajena a su voluntad y por lo tanto, sería víctima inocente de la voluntad del patriarcado imperante en la esfera política), sino que además el feminismo hegemónico trabaja de manera consciente y activa para uniformar las prioridades de la lucha feminista, pero únicamente a su imagen y semejanza.

Las luchas contra el racismo, la xenofobia, la islamofobia, la lgtofobia, el derecho de asilo y la lucha contra la pobreza, son luchas feministas porque las mujeres están atravesadas por todas esas discriminaciones e injusticias. Hay mujeres que son a la vez pobres, extranjeras, lesbianas, negras, refugiadas y musulmanas. No podemos atender únicamente a la discriminación por razón de género, sin tener en cuenta, a la vez, las discriminaciones por razón de clase, origen, sexo, raza y religión. Estas no deben ser tratadas como “simples daños colaterales”, dentro de un proyecto feminista superior. Es necesario tener en cuenta la interseccionalidad de las opresiones, ver cuáles son las conexiones que se llevan a cabo, por parte de quién, quién se beneficia de ello y cómo se dan en diferentes contextos, tanto históricos, geográficos como experienciales.

Sorprende también que defiendan una postura esencialista y no laica de las religiones en general, y del islam y las personas musulmanas, en particular. A menudo leemos afirmaciones de ciertas feministas: “el islam no es compatible con el feminismo”, “el islam no es compatible con la democracia y los derechos humanos”.

Estos planteamientos llevan una carga negativa implícita porque se presenta de entrada como una contradicción en la que el elemento negativo, el elemento que debe adaptarse es el islam; y el elemento positivo, el elemento a imitar, es el feminismo, la democracia y los derechos humanos.

Los dos conceptos se plantean desde una mirada esencialista, como si solo pudiéramos entender el islam y el feminismo o el islam y los derechos humanos, de una única manera, lo que nos llevaría efectivamente a una paradoja total.

Por lo tanto, es necesario cambiar la manera en la que formulamos las preguntas. Deberíamos preguntarnos por qué no hay democracia en muchos países de mayoría (¡y de minoría!) musulmana o por qué no se respetan los derechos humanos o aún, por qué se perpetúan las discriminaciones hacia las mujeres. Desde ahí podemos responder de manera empírica, en lugar de presentar una caricatura del islam y de validar las posturas reaccionarias y patriarcales que existen dentro del islam.

[1] Amorós, C.; Cobo, R.; Miyares, A.; Sánchez, A.; Posada, L. Interculturalidad, feminismo y educación. Madrid, Catarata, 2006. p. 27

[2] Cohen, J.; Howard, M. y Nussbaum, M. (eds.), Is multiculturalism bad for women?, Princetown University Press, 1999, págs. 41-47.

[3] Pérez, O. “Indígenas y derechos colectivos. ¿Es el multiculturalismo malo para las mujeres?” in Derechos y libertades: Revista del Instituto Bartolomé de las Casas,  Año nº 9, Nº 13, 2004, págs. 399-430

 


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“Soy musulmán y me disculpo por todo”

muslimapologies

Más allá del debate sobre la pertinencia o no de las campañas estilo #NotInMyName y su réplica #MuslimApologies, estoy harta de que cada vez que participo en un encuentro, conferencia o mesa redonda, entre el público siempre aparece la misma pregunta: “¿Por qué las personas musulmanas no condenan el terrorismo?”.

No me interesa entrar ahora a desmontar la pregunta en sí, la supuesta obligación de posicionarse y disculparse por la violencia ejercida en nombre del Islam (lo que implica asumir que la violencia tiene que ver con el Islam), sino mostrar la ingente cantidad de condenas que existen y que se invisibilizan.

Hice exactamente el mismo ejercicio tras los atentados de París, pero la abrumadora condena global por parte de la inmensa mayoría de musulmanes, pasó totalmente desapercibida para la mayoría de la sociedad española, que consume las mismas fuentes de (des)información y que repiten machaconamente que los atentados son obra de las personas musulmanas, ya que “la violencia es parte fundamental de su religión”.

Hoy me encuentro con estos dos titulares en la prensa:

“Musulmanes no hacen lo suficiente para frenar ataques”. “Cuando ven que hay un problema, tienen que señalarlo. Pero no lo señalan en absoluto, y eso es un gran problema”, Donald Trump (Diario 26, 23/03/2016)

“¿Cuándo hablarán los musulmanes europeos?” Alfonso Ussía (La Razón, 23/03/2016)

Y ya solo me queda decirles: ¡LEAN y ESCUCHEN!

#Terrorism: 250 Islamic scholars condem ISIS and present solutions to countering violent extremism in Brussels

https://www.eureporter.co/uncategorized/2016/03/17/terrorism-250-islamic-scholars-condem-isis-and-present-solutions-to-countering-violent-extremism-in-brussels/?utm_content=buffer436e4&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

El Instituto Halal de la Junta Islámica de España condena los atentados de Bruselas

http://www.telecinco.es/informativos/sociedad/Instituto-Halal-Islamica-Espana-Bruselas_0_2151975301.html

Los musulmanes españoles se solidarizan con las víctimas de los atentados de Bruselas

http://www.webislam.com/articulos/109484-los_musulmanes_espanoles_se_solidarizan_con_las_victimas_de_los_atentados_de_bru.html

Los líderes de la comunidad musulmana en Bélgica condenan los atentados y piden unidad frente al terrorismo

http://noticias.lainformacion.com/disturbios-conflictos-y-guerra/terrorismo/comunidad-musulmana-Belgica-atentados-terrorismo_0_900811692.html

 “Los que se denominan islamistas y matan, no tienen ni idea de lo que es el Islam”.

http://www.salamanca24horas.com/local/23-03-2016-los-que-se-denominan-islamistas-y-matan-no-tienen-ni-idea-de-lo-que-es-el-islam

La comunidad musulmana condena “con repugnancia” los atentados de Bruselas

http://www.cuatro.com/noticias/internacional/comunidad-musulmana-repugnancia-atentados-Bruselas_0_2151450237.html

Varias entidades musulmanas riojanas muestran su repulsa a los atentados de Bruselas

http://www.rioja2.com/n-103655-2-varias-entidades-musulmanas-riojanas-muestran-su-repulsa-a-los-atentados-de-bruselas/

Asociaciones musulmanas de Vitoria condenan el terrorismo y todo ataque contra la vida

http://www.gasteizhoy.com/asociaciones-musulmanas-vitoria-condenan-terrorismo/

Los musulmanes condenan los atentados de Bruselas: “El terrorismo no tiene religión”

http://www.lavanguardia.com/internacional/20160323/40632438953/musulmanes-condenan-atentados-bruselas-terrorismo-religion.html

“Nuestro dolor es doble: como musulmanes y como belgas”

http://www.elmundo.es/internacional/2016/03/23/56f274dc46163f1c708b4634.html

“No en nuestro nombre”

http://www.elcorreo.com/alava/araba/201603/23/nuestro-nombre-20160323120921.html

Los árabes y musulmanes valencianos condenan los atentados de Bruselas

http://www.lavanguardia.com/vida/20160323/40642191746/los-arabes-y-musulmanes-valencianos-condenan-los-atentados-de-bruselas.html

Federación Islámica del País Vasco condena los atentados y dice que sus autores no representan al Islam

http://www.eldiario.es/politica/Federacion-Islamica-Pais-Vasco-Islam_0_497650776.html

Musulmanes en Chiapas expresaron su repudio a los ataques en Bruselas

http://www.m-x.com.mx/2016-03-23/musulmanes-en-chiapas-expresaron-su-repudio-a-los-ataques-en-bruselas/

Musulmanes en Mérida realizarán conferencia contra el terrorismo

http://www.informaciondelonuevo.com/2016/03/musulmanes-en-merida-realizaran.html

Decenas de musulmanes condenan en Vitoria los atentados de Bruselas y piden que no se actúe en su nombre

http://www.eldiario.es/norte/euskadi/Decenas-musulmanes-Vitoria-atentados-Bruselas_0_497650683.html

Los terroristas “no representan al Islam”, según la comunidad musulmana en Castilla -La Mancha

http://cadenaser.com/emisora/2016/03/23/ser_cuenca/1458725400_788492.html

Institución suní dice que atentados de Bruselas son contrarios al islam

http://www.elconfidencial.com/ultima-hora-en-vivo/2016-03-22/institucion-suni-dice-que-atentados-de-bruselas-son-contrarios-al-islam_860678/

La CIM condena el atentado y dice que “no tiene que ver con el Islam”

http://elfarodigital.es/melilla/sucesos/182812-la-cim-condena-el-atentado-y-dice-que-no-tiene-que-ver-con-el-islam.html

El imán de Aranda de Duero afirma que terroristas “están mal de la cabeza”

http://www.lavanguardia.com/vida/20160323/40644058521/el-iman-de-aranda-de-duero-afirma-que-terroristas-estan-mal-de-la-cabeza.html

 

 


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Resumen de la asamblea general de la Comisión Islámica de España

La Comisión Islámica de España ha celebrado su Asamblea anual en Madrid el pasado 20 de diciembre. Una cita en la que se ha presentado la labor desarrollada, a lo largo del 2014, por las comisiones de trabajo de la actual CIE, cuyos estatutos siguen pendientes de publicación, y sus planes de futuro.


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“Siempre hay que preguntarse a quién benefician estas polémicas”

burka banEn el marco de un trabajo para el Máster de Comunicación de Conflictos Armados, Movimientos Sociales y Paz de la UAB, una estudiante entrevista a Natalia Andújar para conocer su opinión sobre el debate que prohíbe el uso del burka y el niqab en Europa.

Antes de empezar, me gustaría tener una radiografía de tu perfil personal. Dinos

Un sueño aún por realizar: Escribir un libro
Una mentira: La existencia del “otro”
Una gran verdad: Las apariencias engañan
Un destino: Igualdad
Una pasión: El deporte
Un libro: El Quijote
Una frase: La única Ley sagrada es la ley del cambio.
Una pregunta: ¿A quién beneficia el feminismo exclusivo?
Un arrebato: El enamoramiento
Lo que hizo que el mundo fuera mejor en los últimos 10 años: El final del viejo paradigma

Gracias. En primer lugar, me gustaría saber cuál es tu profesión

Soy profesora y dirijo el Centro de Formación Educaislam.

Sé que te convirtiste a la religión musulmana y me gustaría saber cuáles son las razones detrás de esta elección espiritual

Mi búsqueda fue espiritual e intelectual. Yo venía del agnosticismo, por lo que no he cambiado de religión. Mi búsqueda ante las preguntas trascendentes que nos solemos hacer me llevaron al islam, pero me podrían haber llevado a otra tradición espiritual.

¿Qué te hizo interesarte por el islam, la cultura musulmana, el feminismo y activismo?

Mi contacto con un país de mayoría musulmana y una conciencia de que nuestra existencia tiene un sentido más allá de nuestra materialidad corporal.

El feminismo y activismo es algo que llevo conmigo desde siempre: en el cole organizaba huelgas, en mi casa me rebelaba contra el machismo desde pequeña. He sido muy activa en el movimiento Scout de Catalunya y he estado implicada en distintos proyectos de cooperación internacional.

¿Utilizas algún tipo de vestimenta de naturaleza islámica, velo, el hiyab u otro? ¿Has considerado esta hipótesis? ¿Por qué?

No, porque no llevo nada en la cabeza, ni gorra, ni gorrito, ni sombrero. No hay prendas “islámicas”, hay prendas con usos diversos.

¿Cómo es ser activista, musulmana, vivir en un país occidental y luchar contra el poder del patriarcado en la sociedad actual? ¿A qué obstáculos te enfrentas?

A dos obstáculos: a la mirada esencialista de cierto sector del feminismo que nos expulsa de la familia feminista al considerar que “las subalternas” no podemos hablar (así se nos considera) y dentro de la comunidad musulmana, hay sectores reaccionarios que nos ven como un gran peligro porque defendemos la recuperación de la propia tradición islámica y la centralidad del Corán, frente a la fractura que ha supuesto cierto islam político respecto a nuestra tradición y la marginación del mensaje divino primigenio, que no es otro que la defensa de la paz, la unicidad y la justicia.

¿Cuáles son los principales estereotipos que la sociedad occidental (los no musulmanes) tienen respecto al islam?

Que se trata de una religión violenta, patriarcal, retrógrada. O sea, nada bueno. Es una visión totalmente manipulada. Se confunde la dimensión política con una tradición espiritual. Hay distintas fuerzas político-económicas que quieren que esa confusión perdure y la alimentan. El neoliberalismo y el fundamentalismo se retroalimentan, se necesitan y validan mutuamente esas visiones tremendistas.

¿Cuál es tu posición respecto a la prohibición del uso del burka y el niqab en los espacios públicos? ¿Qué piensas sobre este tema?

No estoy de acuerdo con las prohibiciones que vulneran los derechos de los ciudadanos. Legislar sobre un problema inexistente tiene consecuencias muy negativas: se estigmatiza a un colectivo, se fomenta la islamofobia al asociar erróneamente esa prenda con el islam y sirve para desviar la atención sobre los verdaderos problemas.

¿Cómo crees que se trata esta cuestión en los medios de comunicación?

De forma estereotipada y tendenciosa. Hay una inflación de noticias sensacionalistas que están manipuladas y responden a unos intereses muy concretos.

¿Crees que la aplicación de la ley que prohíbe el uso del niqab y el burka dificulta la vida de las musulmanas, incluso en los espacios privados?

Dificultaría la vida de las musulmanas si hubiera mujeres que lo llevaran. Pero el número de personas es tan reducido que me parece innecesario legislar sobre esta cuestión. Para esos pocos casos, evidentemente se les va a enviar a sus casas y eso es muy poco feminista. No fomenta especialmente el empoderamiento.

¿Crees que en este escenario, la mujer musulmana se enfrenta a obstáculos sustanciales en los espacios públicos? ¿Cuáles? ¿Y en los espacios privados?

Habría que preguntárselo a una mujer que llevase niqab. Veo que se usa indistintamente niqab y burka. En España los contados casos de mujeres que llevan el rostro cubierto son portadoras del niqab pero no del burka. De hecho yo no he visto nunca a nadie vestida así por la calle, Supongo que las reacciones pueden ser aparentemente contradictorias: violentas y también paternalistas.

¿Puede haber consecuencias negativas para una chica que lleva, por ejemplo, un pañuelo en la cabeza y luego se deja de usar (ya sea en todos los casos) dentro de la comunidad musulmana?

Dependerá del ambiente en el que se relacione, cómo se relacionaba antes con la gente y cómo se relaciona con su nueva imagen. Y viceversa, cómo se relacionaba la gente con ella, antes y después.

¿Crees que esta ley genera simpatías hacia el uso de prendas que cubren el rostro, esto es, se refuerza la defensa de su uso ya que “si me prohibes algo entonces voy a hacerlo”?

No creo que se generalice su uso, puesto que el ocultamiento del rostro no es ninguna obligación religiosa, pero es cierto que la prohibición acaba reforzando las tesis de ciertas corrientes dentro del islam que creen que es una vestimenta que tiene algo que ver con la religión.

¿Consideras que el tema “sí o no a la prohibición del uso de burka y niqab” es un falso debate, es decir, que de hecho se libera el bienestar de la mujer como fin último pero esto es sólo un discurso político? ¿Por qué?

¿El bienestar para quién? Cuando el Tribunal Europeo desestimó una denuncia de una ciudadana francesa, en relación a la ley que le prohibía llevar el rostro cubierto en el espacio público, alegó que la razón principal era porque la prohibición servía para reforzar la seguridad ciudadana. Nada que ver con el bienestar de las mujeres.

¿Consideras que la sociedad actual recibe con los brazos abiertos la diversidad cultural o no del todo?

No, la sociedad española todavía está viviendo una transición “cultural”: después de más de 500 años de monolitismo cultural, no es fácil que se respete la diversidad.

¿Por qué la gente rechaza la existencia de movimientos feministas islámicos? ¿Qué crees que está fallando?

Cualquier movimiento, como su nombre indica, es dinámico, se mueve y pone en entredicho el estatus quo. Hay muchos intereses, tanto dentro como fuera de la comunidad musulmana para que nada cambie, para que quienes tienen el poder lo mantengan. Yo lo percibo al revés, cuanta más oposición haya por parte de los distintos poderes que se retroalimentan, eso significa que el feminismo islámico molesta, que sirve para algo. Sería un fracaso que esos mismos poderes lo hicieran suyo y lo instrumentalizaran. Sería la forma más eficaz de neutralizarlo.

Afirmas que la prohibición no es la solución. ¿Por qué?

Porque una prohibición no es pedagógica, es represora. Lo que es legal no es necesariamente justo.

Y si no es la solución, ¿qué otras medidas/soluciones sugieres a este problema?

Podría llegar a ser un problema si no hay educación, sensibilización y respeto por el derecho a la libertad de imagen.

¿Crees que hay un discurso contaminado, difundido por los medios de comunicación, sobre el tema de la prohibición?

Totalmente viciado. Siempre hay que preguntarse a quién benefician estas polémicas. En Europa, a las corrientes de ultraderechas, que acaban contaminando ideológicamente a otras corrientes políticas que asumen como propias las tesis discriminatorias.

Leí en algún lugar, que el feminismo occidental (algunos movimientos) prejuzgan a las musulmanas al pensar que son felices asumiendo la falta de derechos dentro de las sociedades patriarcales. ¿Qué le dirías?

Las musulmanas no necesitan de una mirada paternalista, liberadora según unos cánones impuestos desde fuera ni de una relación desigual, en la que cierto sector del feminismo laico se posiciona por encima del bien y del mal, en una especie de superioridad moral.

Necesitamos tejer relaciones horizontales, en un mismo plano de igualdad. No existe ningún dilema entre la lucha antisexista y la lucha antiracista. Es un falso dilema alimentado por el patriarcado para desactivar nuestras luchas. Me preocupa mucho que cierto feminismo beligerante haga suyos los discursos de la ultraderecha respecto a las mujeres y el islam. Huyo de las miradas esencialistas.

¿Es correcto decir que hay un feminismo occidental y un feminismo islámico? En caso afirmativo, ¿cuáles son las principales diferencias?

No estoy de acuerdo con esa distinción, ya que por un lado, se identifica un “espacio” y un “pensamiento” únicos, como si solo hubiera un feminismo occidental, y un adjetivo que nos remite al “islam”, a una religión. Yo creo que existen feminismos mestizos, el islámico es uno de ellos, en el que las fronteras no son geográficas sino más bien mentales y abogan por una visión decolonial, descentrada e inclusiva.

¿Por qué crees que es importante hacer visible el feminismo islámico?

Porque no podemos reivindicar que debemos ponernos las gafas violetas en todos los ámbitos menos en uno: el de la religión. No podemos establecer la siguiente ecuación: o eres no creyente y liberada, o eres creyente y sometida. Tenemos que estar alerta respecto a esos simplismos paternalistas. El feminismo islámico nos permite mantener la guardia en ese sentido.

¿Qué has aprendido, qué es lo que más valoras en tu carrera y en tu experiencia personal como activista?

Que las cosas pueden cambiar. Hace unos años cuando hablábamos de igualdad en el islam, había una gran oposición dentro de la comunidad musulmana en España. Hoy hemos avanzado y en el nuevo currículo del área de Enseñanza Religiosa Islámica de Educación Primaria que se acaba de publicar, ya hablamos de una educación en “igualdad de género” y “para la paz”. Lo que valoro ante todo es el trabajo bien hecho y no los discursos vacíos. Valoro por encima de todo la sinceridad y la entrega, más allá de las etiquetas. La sociedad civil debe unirse ante cualquier injusticia y resistir, declararse objetor de conciencia, desobedecer ante los atropellos legales que estamos sufriendo.

¿Hay alguna situación que recuerdas con cariño?

Sí, he conocido a grandes mujeres, algunas se consideran feministas y otras no, pero más allá de esa diferencia, he visto que las mujeres unidas tenemos una gran fuerza, ya sea para luchar por nuestros ideales, para meditar o trabajar por unas sociedades más justas.

¿Cómo surgió la idea de empezar Educaislam?

Después de llevar muchos años organizando cursos y conferencias, un grupo de profesionales decidimos crear un espacio en el que pudiéramos enseñar/aprender sobre el islam, de forma objetiva, rigurosa y plural. Es la mejor herramienta para combatir la islamofobia y la ignorancia.

¿Qué te hace luchar cada día por una educación más completa y la conciencia sobre el islam? O mejor dicho ¿qué es lo que te motiva?

De forma egoísta, lo que me aportan mis alumnos y alumnas es mucho más de lo que yo les doy. La educación es una herramienta potentísima para contrarrestar el discurso del odio, tan extendido hoy en día.

¿Por qué eligiste hacer algo tan completo como “educar a la gente sobre el islam”?

Soy profesora y activista, así que para mí ha sido natural que acabara haciendo lo que estoy haciendo.

¿Cuál es el resultado hasta el momento?

Es difícil responder, ya que estamos en un momento de muchos cambios. Diría que con trabajo y paciencia se llega muy lejos. Las redes se van tejiendo, vamos teniendo cada vez más aliados naturales, vamos dándole forma y contenido.

¿Tienes un nuevo proyecto en mente? ¿Cuál?

Muchos. La mayoría tienen que ver con ofrecer un servicio a la comunidad musulmana. Es necesario poner a su alcance todo lo que se ha ido tejiendo y construyendo a lo largo de estos años. Tenemos un gran potencial, entre la comunidad hay jóvenes muy preparados y mujeres muy fuertes. Con las herramientas adecuadas, podemos aportar mucho a nuestra sociedad.

Gracias.